Nuevo capitulo ;D
Querido diario:
¡Por fin viernes! Eso es lo que dije yo anteayer, lo que quiere decir que estamos a domingo. Los viernes son días alegres. Los esperas durante toda la semana por el simple hecho de poder decir “¡Ey! ¡Hoy es viernes!”, que significa que la tortura de las clases acaba a medio día y que después llegan otro dos días en los que puedes ser libre.
Pero cuando un viernes empieza o acaba mal, el resto del fin de semana no va a mejor, que es lo que me ha pasado a mí.
Estos tres días han sido, con diferencia, los peores y mas confusos que he pasado aquí. No entiendo por qué el mundo se dedica a hacerme la puñeta todo el rato a mi ¿Acaso no hay otra pobre víctima con la que tomarla? Debe ser que no.
Los motivos de por que no he escrito durante la semana ya los sabes, son los mismos que los de la semana pasada, y los de por que estoy escribiendo ahora, te los voy a explicar.
Como supondrás, todo empezó el viernes.
Todo el internado estaba revolucionado porque el martes nos dijeron que el viernes nos llevarían al pueblo y nos dejarían a nuestras anchas hasta la noche.
Cuando acabaron las últimas clases de la semana, todos nos apresuramos al comedor y nos comimos nuestra comida en el más absoluto silencio, era raro ver el comedor tan silencioso comparado con el barullo al que estábamos acostumbrados. Comimos sin hablar y si me apuras sin apenas respirar. Todo el mundo quería acabar pronto.
Después de esto, corrimos a nuestras habitaciones a arreglarnos y coger nuestras cosas para el viaje. Salíamos de aquí a las cuatro y media, pero desde por la mañana en el parking se podía ver la fila de autocares blancos y negros, con el escudo del internado, esperándonos.
A y cuarto ya estábamos prácticamente todos en la fila de nuestro autocar esperando a que nos dejasen subir.
- Verás que bien nos lo vamos a pasar – dijo Ella enganchándose al brazo de Jennifer - ¡Tu primera salida! ¡Que emoción!
- Creo que la estás asustando – dijo Derek apareciendo junto a ellas – Además, sin duda es mucho mejor cuando nos escapamos.
- Vale, ahora sois los dos los que me estáis asustando – dijo Jennifer - ¿Cómo que os escapáis? El pueblo debe estar lejísimos.
- No si te llevan claro – dijo Derek.
- ¿Y quién os lleva?
- Una gente muy simpática que se para cuando haces autostop – dijo Ella.
- Vale – dijo Jennifer sin poder creerlo – O sea que os escapáis de aquí y hacéis autostop para que “una gente muy simpática”, que podrían ser asesinos o cualquier cosa, os lleve al pueblo.
- No seas mal pensada, no dejamos que nos lleve cualquiera… generalmente nos lleva Alfred – dijo Ella.
- Y Alfred es…
- Un granjero que tiene su granja por aquí cerca.
- Estáis todos locos… ¿También hacéis autostop para volver?
- Por favor Jennifer, no digas burradas – dijo Derek haciéndola reír incluso a ella – Vamos en taxi, invita el señor Stevenson.
- ¿Y aún creéis que no debo asustarme?
- Es lo que tiene ser pobre – dijo Derek guiñándole un ojo con complicidad – A veces hay que viajar detrás con animalitos en la camioneta de Alfred.
En ese instante se abrieron en cadena las puertas de los autocares y los profesores responsables de cada autocar pasaron lista a medida que los chicos iban entrando y cogiendo sitio.
A la mitad del autocar, se sentaron en la fila derecha Jennifer y Jackie, detrás Derek y Parker, y al lado de ellas en la otra fila Ella y Gina y el resto de su grupo, Gina había conseguido hacer un chanchullo en las listas quién sabe como para poder colar a todo su grupo. En las últimas filas se sentaban armando barullo Erich con Jackson y todo el grupo de Sheryl.
- ¿Crees que es verdad lo que me dijo? – le preguntó Derek a Parker.
- No lo creo – respondió este entre susurros, consciente de que su hermana y Jennifer, estaban sentadas delante.
- Pues te equivocas.
- ¿Entonces por qué me lo preguntas? – dijo Parker de mala gana – Además ¿cómo sabes que me equivoco?
- No sé cómo lo sé pero lo sé y punto – dijo Derek susurrando aún más – Seguro que besaron en esa “no cita”
- ¿Qué piensas hacer?
- No se lo que haré – dijo Derek – Pero desde luego, ese idiota no se va a salir con la suya.
- Yo que tú me levantaba ahora mismo y se la devolvía – le dijo Jackson a Erich hundiéndose en su asiento – Te ha dejado hasta marca.
- No seas idiota – le dijo Erich tocándose inconscientemente la parte de la mejilla donde Derek le había pegado la semana pasada – Si hiciese eso ahora me vería todo el mundo. No serviría para nada.
- ¿Y con ella que tal? – dijo señalando con la cabeza a los asientos de delante donde se encontraba Jennifer.
- No hemos hablado mucho. Me está como evitando.
- ¿Le habrá dicho algo Harrison?
- No creo, tal vez se sienta incómoda. Ya hablaré con ella.
- Entonces date prisa porque aquel no pierde el tiempo – dijo mirando de nuevo hacía Jennifer, que esta vez estaba vuelta hacia atrás charlando y riendo con Derek.
- Lo tengo controlado. Y además, Harrison me las va a pagar por esto –dijo señalando la marca en su cara.
Llegaron al pueblo sobre las cinco y media. Durante el camino había estado lloviendo a ratos, pero en cuanto bajaron la lluvia empezó a caer más fuerte y tuvieron que resguardarse donde pudieron, no sin antes quedar con los profesores en el mismo lugar donde estaban aparcados los autocares a las ocho y media.
Se encontraban en un parking que estaba al lado de una plaza enorme con una fuente en medio. El pueblo estaba todo hecho de piedra de distintas tonalidades de marrón, daba la impresión de que era igual de antiguo que el internado.
- Vamos ya – dijo Parker, estaba cansado de andar de un lado para otro bajo el toldo de la fachada que les resguardaba de la lluvia.
- Aún no – protestó su hermana – Espera a que escampe un poco.
- Jackie ya sabes cómo es la lluvia aquí, no escampará hasta dentro de unas horas, y eso si tenemos suerte – le dijo Parker – Ponte una capucha si no quieres que se te encrespe el pelo.
- Eso es fácil decirlo cuando se tiene el pelo liso – le reprochó Jackie.
- Cállate ya.
- Idiota – dijo Jackie por lo bajo.
- ¡Te he oído!
- ¡Venga ya! – gritó Derek desesperado – Hermanitos dejadlo de una vez.
- Si – le apoyó Ella – Vamos a salir de aquí.
Se metieron por unas callejuelas oscuras, intentando ir por los soportales para no mojarse demasiado, hasta que llegaron a una calle enorme de ancha llena de tiendas. En el centro se encontraban algunas carpas con puestos de ropa, joyas, cuadros, discos… Como en los mercadillos de la playa.
- Que recuerdos – dijo Jennifer – Aunque faltaría la playa de fondo.
- Bueno tienes agua – dijo Derek mirando hacia el cielo – Y toma – se agachó y cogió un puñado de tierra seca para ponérselo en la mano a Jennifer – Ya tienes arena. Agua y arena y puestos, estás como en casa.
- Vamos – dijo Jennifer riendo, arrastrándole con ella - ¿Vosotros no venís?
- ¡Vamos a buscar un sitio para cenar y ahora volvemos! – les gritó Ella, que desaparecía calle abajo con los mellizos tras ella.
- En esta calle están todas las tiendas y restaurantes del pueblo – le explicó Derek a medida que avanzaban bajo la lluvia – Es como el centro comercial.
- Es bonito – dijo Jennifer admirando la combinación que hacían las bonitas fachadas de piedra antigua con los carteles luminosos y el colorido de las tiendas.
Entretanto ya habían llegado a las carpas blancas que les resguardaban de la lluvia. Derek se paró a mirar algunos CDs de música mientras que Jennifer curioseaba de un lado a otro hasta que algo la hizo detenerse.
- Madre mía – dijo con la boca abierta.
- ¿Qué has visto? – preguntó Derek siguiendo su mirada hasta dar con lo que la tenía tan impresionada – Oh, claro, las chicas y los vestidos.
- Es precioso – dijo Jennifer mientras se acercaba al vestido azul cielo de gasa que había colgado en una percha frente a ella. Era un vestido de tirantes ajustado hasta la cintura, donde se ensanchaba dando lugar a una bonita falda.
- ¿Por qué no te lo pruebas?
- Porque me gusta.
- ¿Y?
- ¿Cómo que y? – dijo Jennifer – Sería una estupidez comprarlo porque yo no me pondría un vestido así en la vida.
- Hay una ocasión en la que podrías usarlo.
- Si, cuando vaya a mi mansión de Inglaterra y la reina, en una de sus muchas visitas, venga a tomar el té conmigo.
- ¿Me invitarás?
- ¡Derek! – dijo Jennifer pegándole en el hombro – No lo usaría nunca.
- Vale. Primero, creo que debo decirte que no me hace ningún daño que me pegues siempre en el hombro, y segundo podrías llevar el vestido en la fiesta.
- ¿Qué fiesta?
- La de fin de curso, en verano. La hacemos todos los años. No es como tomar el té con la reina… - dijo haciéndola reír – Pero ya sabes que hay que ir arreglado.
- ¡Voy a probármelo! – dijo besándole en la mejilla y corriendo a meterse en uno de los improvisados probadores.
- Te espero – dijo Derek situándose frente al probador.
- ¿Preparado? – dijo Jennifer al cabo de un minuto.
- ¿Listo? – dijo Derek siguiéndole la corriente.
- ¡Ya! – gritaron los dos a la vez cuando Jennifer abrió la cortina.
- Vaya, estas… - empezó Derek, se había quedado sin palabras – Estas preciosa.
- ¿De verdad? – dijo Jennifer sonrojada.
- De verdad – dijo Derek acercándose a ella, cogió la cara de Jennifer entre sus manos y…
- ¡Oye guapa! ¿Piensas dejar de acaparar el probador algún día? – les gritó una señora mayor tras ellos haciendo que se sobresaltasen.
- Oiga señora ¿Qué más le da esperarse un momento? – dijo Derek volviéndose hacia ella, viendo que llevaba una pila con al menos seis vestidos en las manos.
- ¡Querrás decir señorita guapo! ¡Y si me importa esperar! ¡Llevo prisa!
- Ay dios… - dijo Derek volviéndose hacia Jennifer, que se estaba partiendo de risa - A mi no me hace gracia.
- Será mejor que me cambie ya ¿Me aguantas esto? – dijo dándole su mochila.
- Claro.
- Mientras puedes hablar con tu amiga – dijo cerrando la cortina del probador, echándose a reír de nuevo.
- Que graciosa – dijo haciendo un mohín, mirando de nuevo a la señora con desdén por haberles estropeado el momento.
- ¿Puede saberse que miras pervertido? – le espetó la señora.
- ¿Pero que dice señora? – dijo Derek sin dar crédito de lo chalada que estaba aquella mujer – Ni borracho la miraría yo a usted así.
- ¡Serás impertinente! – dijo la señora indignada.
- ¡Derek! – llamó Jennifer desde el probador.
- Dime.
- ¿Puedes sujetarme el vestido? – dijo pasándoselo por un hueco que quedaba encima del probador.
- Si – dijo Derek cogiéndolo – Lo tengo.
- Gracias.
- ¡Ten cuidado niñita! – gritó la mujer para que Jennifer la oyese - ¡Tu amigo en un pervertido!
- Yo no aguanto esto – se dijo Derek mientras se alejaba de la señora, no sin antes oír la sonora carcajada que soltó Jennifer ante el comentario de la mujer.
Cuando Jennifer salió del probador no se encontró a Derek allí, en su lugar estaba la señora esperando impaciente, que la apartó de un empujón nada más verla salir.
Jennifer le buscó con la mirada hasta que lo vio en el puesto de al lado mirando CDs de nuevo, llevaba una bolsa blanca de plástico en la mano y su mochila, pero no había ni rastro del vestido.
- ¿Y el vestido? – preguntó Jennifer cuando llegó hasta el.
- Aquí – dijo tendiéndole la bolsa.
- ¿Me lo has comprado?
- No, lo he robado – dijo Derek – Pero el señor ha sido tan amable que me ha dado una bolsa para que no se mojase. Un buen tipo.
- ¡Derek! – le gritó Jennifer dándole de nuevo en el hombro.
- ¿Te he dicho ya que no me duele?
- ¿Quieres que te de donde duele?
- Tranquila, para eso no tengo más que acercarme a esos probadores – dijo recordando a la mujer.
- No tenías que habérmelo comprado.
- Considéralo un regalo – dijo dándole la bolsa y su mochila.
- Está bien – dijo Jennifer a regañadientes, aceptando la bolsa y metiéndola cuidadosamente dentro de su mochila.
- No te enfades.
- Yo te pago la cena – dijo Jennifer, Derek soltó un resoplido de resignación y siguió mirando discos mientras Jennifer se colocaba su mochila.
Al meter el brazo por una de las asas, dio sin querer a alguien que había tras ella, se giró y vio a un chico de su edad.
- Oh, lo siento – se disculpó - ¿Estás bien?
- No había estado mejor – dijo el chico sonriéndola, Jennifer le sonrió también y al instante notó el brazo de Derek sobre sus hombros.
- Que bien te ha quedado eso – le dijo Derek al chico – Tal vez con otra te sirva para ligar.
El chico se marchó de allí ante la mirada de advertencia de Derek y los dos volvieron al lugar donde habían quedado con los demás.
Les encontraron nada más llegar junto con todo el grupo de Gina y se dirigieron hacia el italiano nuevo que habían encontrado calle abajo.
Comimos, nos lo pasamos bien, contamos la anécdota de la señora en los probadores con la que todo el mundo se partió de risa, omitiendo claro está, la parte del “casi beso”.
Pagué lo de Derek como le había dicho que haría y fuimos al autocar, donde ya había unas cuantas personas montadas. Seguimos de broma con Derek “el pervertido” mientras llegó el resto y nos pusimos en marcha de vuelta al internado.
No paró de llover hasta la madrugada.
Te preguntarás que tiene de malo todo esto, la respuesta es nada, esta parte estuvo genial. Lo peor pasó cuando llegamos al internado.
Dejamos que saliera toda la multitud del autocar para no morir aplastados. Pero yo no tenía ni idea de lo que me esperaba nada más traspasar las puertas del internado.
Jennifer, 26 de Septiembre de 2007.




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