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viernes 26 de junio de 2009

Diario de Jennifer - Cap 4

Buenasss!!! Otro capitulo mas, a ver si en verano tengo mas tiempo de escribir y puedo publicar mas a menudo :P


Querido diario:

Perdona por dejar la historia sin acabar antes, pero es que era la hora de comer y me rugían las tripas, la comida de aquí no esta tan mala, hoy había solomillo de no seque con salsa de algo aderezado con… bueno, unas cosas muy raras pero en resumen era un filete de ternera y de postre un trozo de tarta de chocolate bueníiiisima.

En fin que lo que te venía contando es que ¡me pasó una cosa increíble! Cuando estaba ya a mitad de camino del tercer piso, cargando con las bolsas y arrastrando la maleta, golpeando los peldaños, porque ya no podía mas con ella, derepente note como pesaba menos, ya no la iba arrastrando, era como si alguien la estuviese levantando por detrás de mí y cuando me giré, efectivamente, comprobé que así era.

-Hola.

-Hola – dijo Jennifer perpleja. Se encontró con que un chico de su misma edad, con el pelo negro, liso y alborotado, estaba sujetando la otra parte de su maleta.

El chico iba vestido con unos vaqueros azules y rotos, una camiseta blanca de manga corta y unas deportivas, tenía las facciones de la cara definidas al igual que los músculos de sus brazos, que parecían empezar a estar en tensión por el peso de la maleta.

-¿A que habitación vas?

-A la 104.

-A bueno, entonces esta cerca.

-¿Qué esta cerca? Llevo medio millón de escaleras subidas y no llego nunca.

-Ya te irás acostumbrando… oye…

-¿Si? – preguntó Jennifer embobada mirándole.

-Esto ya va pesando, piensas seguir subiendo o…

-¡Oh, si! Perdona – dijo empezando a andar de nuevo, con el chico siguiéndola detrás.

-¿Eres nueva no?

-¿Tanto se me nota?

-Solo un poco – dijo sonriendo ampliamente, dejando ver una dentadura perfecta – A, porque no te había visto antes y créeme que me acordaría, y B, porque nadie que haya estado aquí antes en su sano juicio se habría quejado de las escaleras.

-¿Y eso?

-Porque la directora te matará como te oiga decir algo de las escaleras, las adora.

-Maldita bruja loca – dijo resoplando.

-Si, será mejor que tampoco te oiga decir eso – dijo riendo -Seguro que vienes con una beca, si no fuese así tampoco la habrías llamado bruja loca.

Jennifer se paró en seco.

-Tranquila, yo también, no soy ningún niño rico como los que te vas a encontrar aquí.

Jennifer soltó el aire que sin darse cuenta, había estado conteniendo.

-Vaya, parece que aquí hay gente normal y todo.

-Si pero somos una especie en extinción, si tanto te importa, no le diré a nadie que vienes con una beca.

-¿Y por que me iba a importar?

-Porque igual quieres ser amiga de esa gente no normal.

Aquello hizo reír a Jennifer y el chico rió con ella, ya se les notaba sofocados de estar subiendo escaleras y hablando al mismo tiempo.

-¿Y tu eres nuevo?

-Que va, llevo aguantando esta tortura dos años.

-Genial, no me animas nada.

-¿Ah no? ¿No te anima saber que yo estaré aquí?

-¿Qué?

El chico soltó una carcajada ante la cara de asombro de Jennifer.

-Ya hemos llegado – le advirtió a Jennifer, que no se había dado cuenta de que habían dejado de subir escaleras hasta que el se lo dijo.

Aquel pasillo, con las escaleras tras ellos, se dividía en tres, uno a la izquierda, otro en el medio y otro a la derecha.

-El tuyo es el de la izquierda – le informó el chico.

-Vale, gracias, y gracias por ayudarme con la maleta…

-Derek – contestó el chico – Me llamo Derek Harrison.

-Esta bien Derek Harrison – dijo Jennifer imitándole – Yo soy…

-Jennifer Messer – contestó el.

-¿Eres adivino o algo así?

-No – rió Derek – Es que lo pone en tu maleta.

-Ah… - dijo Jennifer, notando como se ruborizaba.

-Nos vemos Jennifer Messer – dijo, y acto seguido desapareció por la escalera, no sin antes sonreírla.

Parece que no todo es tan terrible en este internado ¿verdad?

Derek… con sus ojos negros y su encantadora sonrisa fueron la primera sorpresa del día ¿Qué por que fue la primera? Bueno, claramente, porque hubo una segunda.

Jennifer, 10 de Septiembre de 2007.



sábado 20 de junio de 2009

Diario de Jennifer - Cap 3

Hola a tod@s!!! A ver que os parece el nuevo capitulo que e escrito :P

Querido diario:

Te escribo desde el Internado Norwood, si si, por fin llegamos, el viaje en coche siguió siendo igual de tortuoso y la llegada no fue mucho mejor.

Cuando llegamos fuimos derechos a un pequeño parking donde los padres que llevaban a sus hijos al internado podían aparcar.

Al instante de bajar del coche y sacar las maletas y bolsas de viaje, la señora Blaylock (comúnmente conocida como arpía o bruja) ya nos estaba recibiendo con una amplia (y falsa) sonrisa.

-Hola señores Messer, mucho gusto – dijo estrechándoles la mano a ambos – Y tu debes de ser Jennifer.

-Si – dijo esta estrechándole también la mano a ella.

-Ten, esta es la llave de tu habitación. Cuando te despidas de tu familia puedes ir instalándote y viendo un poco como funciona el internado, tu compañera de habitación llegará mañana.

Y… ¡Comienza la tortura! Para colmo la bruja esta se hizo la simpática con mis padres, tras soltarme a mi la charla de lo estupendo que iba a ser estudiar durante este curso en Norwood, pero en cuanto me hube despedido de mis padres y mi hermana y ellos se hubieron ido, pasó de mi, se largó y me dejó tirada en mitad del parking con todas mis maletas alrededor.

Alcé la vista y contemplé el majestuoso edificio que tenía ante mí. Era de ladrillo de un color grisáceo, a primera vista tenía unas siete plantas llenas de ventanales y encima de la puerta el escudo de Norwood, también tenía dos torretas a cada lado, parecía un castillo antiguo.

No es que me guste quejarme, pero… ¿cómo se suponía que tenía que encontrar mi habitación en un edificio de siete plantas y miles de habitaciones cuando esa bruja me había dejado sola en mitad del parking?

La respuesta era muy fácil, papa y mama no iban a estar aquí con migo para defenderme ni para cuidar de mi, y esa bruja lo sabía. Así que la única solución era apañármelas yo sola.

-Prefecto – dijo Jennifer cogiendo sus maletas y bolsas, encaminándose hacia la puerta del internado.

Por dentro era mucho mas impresionante, tenía enormes lámparas de araña que colgaban del techo, con cientos de pequeños cristales que relucían cuando les daba la luz, todo el suelo estaba cubierto con una moqueta de color granate al igual que las paredes, y había muchos cuadros y fotos, bastante antiguos, colgados en las paredes.

Yo me encontraba en una especie vestíbulo, a la izquierda había una gran escalera que, mas tarde, descubrí que llevaba a las habitaciones, las clases y el desván, y a mi derecha se encontraba una especie de mostrador de madera color caoba, y dentro de el una señora de unos 70 años, un poco rechoncha, con el pelo corto y canoso, gafas y un uniforme blanco y verde con el escudo de Norwood grabado en el. Se encontraba colocando llaves en una de las estanterías que había tras ella.

Aquello parecía la recepción de un hotel.

-¿Puedo ayudarte en algo pequeña? – preguntó cuando vio a Jennifer, perdida, mirando de un lado a otro.

-Esto… si, soy nueva este año y…

-Ah, entiendo, ¿tu nombre?

-Jennifer Messer.

La mujer se dio la vuelta y tras encontrar su nombre en una lista de alumnos, cogió una de las llaves de la estantería y se la entregó.

-Esta es la llave de tu habitación, la 104. Se accede a las habitaciones subiendo por esas escaleras – dijo señalando las escaleras que antes había apreciado Jennifer – No tiene mucha pérdida, y el comedor está por allá – dijo señalando esta vez a su derecha a unas enormes puertas acristaladas y rodeadas por un marco de madera que dejaban ver el iluminado interior del comedor.

-Esta bien, muchas gracias – dijo Jennifer mientras se alejaba hacia las escaleras con la lave de su habitación en la mano.

-¡Espera! – la detuvo la mujer – Te olvidas de tu horario, detrás de el tienes un mapa del internado.

-Oh, gracias.

-Adiós pequeña, por cierto, me llamo Muriel.

-Ah, esta bien, adiós Muriel.

Bien, tras esta extraña charla con aquella simpática mujer que ya me había apodado con el mote de “pequeña”, me dirigí hacia las escaleras, según el mapa, tenía que subir hasta el tercer piso para llegar a los dormitorios de las chicas.

¡Y no te vas a creer lo que me pasó a continuación!

Jennifer, 10 de Septiembre de 2007.


domingo 7 de junio de 2009

Diario de Jennifer - Cap 2

Buenas!! Perdon por tardar tanto pero casi no tengo tiempo de escribir con tanto examen :P, aver si os gusta el capitulo 2 ^^:

Querido diario:

Ya vuelvo a la carga, no he dormido ni una hora y he vuelto a la cruda realidad, esto no es un sueño sino una pesadilla que por desgracia me ha tocado vivir, esperemos que solo tenga que pasar este año en el internado.

Como sabrás no me ha pasado nada interesante en esta última hora, no hay que ser un genio, así pues te voy a contar un poco mi vida (si, si, me pongo sentimental).

Por donde empezar… ¡Ah si! Por mis amigas por supuesto, te las voy a presentar.

Primero Wendy, ay Wendy… como la voy a echar de menos, ha sido mi mejor amiga desde que éramos un par de renacuajas que hacían tartas de barro en el patio del colegio, nunca hemos estado separadas mucho tiempo, un verano como mucho aunque nos solíamos ir a los campamentos juntas así que… si pudiese la cambiaría por Mary.

Y luego esta Johanna, Wendy y yo la conocimos cuando entramos al colegio y desde el primer día nos hicimos amigas las tres, no se, es una chica estupenda, esta sola palabra vale para describirla.

Ya esta, ¿te preguntas por qué solo dos? Bueno, mas vale pocas amigas y que sean buenas o eso dicen, y es cierto, Wen y Johann son las mejores, tengo mas amigas por supuesto pero ninguna como ellas, las voy a echar muchísimo de menos.

Cambiando de tema, vivía en el mejor ático de Nueva York, con piscina, una terraza enorme, mi superhabitación… no es que seamos ricos ¿eh? Pero el caso es que tenía vistas a ¡la playa!, creo que aún no he mencionado lo que me gusta la playa…

Te voy a contar una cosa, pero que quede entre tú y yo ¿eh? Si alguien se entera de esto me pueden toma por una loca. Antes de que nos marchásemos, esta mañana fui a la playa y llené un tarro de cristal con arena, así por lo menos tendré la playa más cerca, aunque quizás el tarro es el causante de que mi maleta pese mucho más pero no me importa.

Y he tenido una vida bastante normal, no hay mucho más que contar hasta que llegó “el día”.

-Adelante – dijo Jennifer desde su habitación, estaba tumbada en su cama leyendo una revista.

-Hola Jenny – saludó su madre asomando la cabeza por la puerta - ¿Puedes venir un momento al salón? Tu padre y yo queremos hablarte de algo.

*STOP! Momento de reflexión. Aquí fue cuando pensé en tirarme por la ventana, aquello no podía augurar nada bueno, hablar todos en el salón… es la típica frase que sigue a una mala noticia, y en efecto no me equivocaba.

-Siéntate Jenn – le dijo su padre cuando llegó al salón.

-¿Qué pasa? – preguntó ella a la defensiva mientras tomaba asiento en una de las butacas del salón frente a su padre.

-Nada hija tranquila, es una buena noticia.

-¿Qué es? – preguntó ya casi gritando, lo que a sus padres les podía parecer una buena noticia a ella le solía resultar lo peor del mundo.

*Esta parte es demasiado horrible para describirla. Aquí fue cuando mi mundo se vino abajo después de que me contasen a donde pretendían mandarme a estudiar durante todo un curso.

-¿Estáis mal de la cabeza? – preguntó Jennifer a gritos levantándose de su asiento.

-Jenn es una muy buena oportunidad – le dijo su padre.

-¡No, no lo es! – gritó Jennifer hecha una furia - ¿Cómo podéis pensar que me puede alegrar dejar aquí mi vida entera para irme a ese estúpido internado?

-Jennifer no me levantes la voz – le dijo su padre, también levantándose, bastante enfadado.

Y… ¡Corten! No voy a contar nada más de esa conversación, lo único que necesitas saber es que hubo gritos, más gritos, gritos míos, gritos de mi padre hacia mi con amenazas y la rotura accidental de una figurita de porcelana que había en el salón (te juro que fue un accidente).

He tenido una vida bastante normal para una chica de 17 años, tengo unas amigas geniales, no he tenido nunca novio (¿te preguntas por qué? ¡Yo también!), pero en cambio tengo una hermana pequeña que me incordia, unos padres muy pesados y… a partir de ahora, el Internado Norwood.

Creo que voy a vomitar, y no es por lo del internado, bueno, en parte si… es que tantas horas de coche con este calor no hay quien las aguante.

Me despido por hoy, en dos días empezaré el curso y descubriré la horrorosas torturas que habrá en esa cárcel comúnmente llamada internado, eso si, si sobrevivo también a esta cárcel con ruedas, a la que llaman coche.

Jennifer, 10 de Septiembre de 2007.