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domingo 30 de agosto de 2009

Diario de Jennifer - Cap 18

Buenass!! Mi parte del trato Zaida ¬¬... xD

Querido diario:

¡Hola de nuevo! Por si no lo has notado, estoy de buen humor. Ya he superado mi crisis, estoy feliz y todo ha vuelto a la normalidad… excepto por el pequeño problema que ya te comenté que quedaba pendiente.

Llevo prácticamente toda la semana evitando a Derek y a Erich.

Hoy he tenido un encontronazo con Derek en el pasillo de la segunda planta a última hora. Yo estaba hablando tranquilamente con Ella cuando de repente apareció Derek, que había venido corriendo hasta nosotras sofocado.

- ¡Jenn! Menos mal que te encuentro – dijo Derek sacando el archivador de su mochila – Necesito que me ayudes con estos problemas que me han mandado de matemáticas porque no tengo ni idea y…

- Lo siento Derek – dijo Jennifer apresuradamente – Es que ahora mismo tengo que… tengo que, que hacer un trabajo de historia que nos han mandado y voy mal de tiempo.

- ¿Trabajo de historia? – dijo Ella, a lo que se llevó un pellizco en el brazo por parte de Jennifer - ¡Ay! Ah… si, es verdad, el trabajo de historia. Se me había olvidado, que tonta, gracias por recordármelo Jennifer.

- De nada Ella – dijo Jennifer sonriéndola – Me voy a acabarlo. Hablamos luego.

Jennifer se fue a prisa del pasillo mientras Ella se masajeaba el brazo dolorido.

- Bueno, te preguntaría a ti pero no tienes ni idea de matemáticas – dijo Derek guardando todo de nuevo.

- ¿Y Jenn si? – dijo Ella poniendo los brazos en jarra – Es una negada en matemáticas como tú y como yo. Búscate una excusa mejor la próxima vez que quieras estar con ella.

- ¿Qué? – dijo Derek distraído, no había escuchado nada de lo que Ella había dicho – Si, claro, nos vemos luego. Me voy ya.

- De acuerdo pero no te olvides de… - cuando Ella se giró para mirarle ya se había ido dejándola con la palabra en la boca, el resto del pasillo estaba desierto – Perfecto.

- ¿Trabajo de historia? – preguntó Ella cuando llegó a la habitación.

Jackie estaba allí con Jennifer escuchando en el equipo de música The city is at war de Cobra Starship, un grupo que acababa de descubrir gracias a Parker y que ahora escuchaba a todas horas. Ella tiró su mochila ruidosamente al suelo y apagó la música.

- A mi no me han mandado ningún trabajo – dijo Jackie recordando que tenían al mismo profesor de historia.

- Ni a nosotras tampoco – dijo Ella con los brazos cruzados - ¿Y bien? ¿Jennifer?

- No me apetecía quedarme una tarde entera a solas con él y encima intentando entender matemáticas.

- ¿Por qué? ¿Os ha pasado algo? – preguntó Ella.

- ¡Que la va a pasar! Es que es una negada en matemáticas – dijo Jackie revolviéndole el pelo a Jennifer - ¿O no?

- No exactamente.

Les conté lo del fin de semana anterior, que Derek me había besado en el comedor y que antes de hacerlo ya lo había intentado cuando estuvimos en el pueblo.

- ¿Por qué no decís nada? – preguntó Jennifer ante el silencio de sus amigas - ¿Ella?

- Vuelves a estar a dos bandos – dijo Ella.

- Lo sé.

- Deberías… aclararte – dijo Jackie – Y aclararlo con los dos.

- ¿Debería decirles a ellos…?

- ¡Ni se te ocurra! – gritó Ella - ¿Es que quieres que se maten?

- No pero…

- Entonces no les digas nada, Bastante se odian ya como para añadirle esto – dijo Ella.

- Compórtate con normalidad hasta que sepas que hacer – la aconsejó Jackie.

- De acuerdo – dijo Jennifer convencida de hacer caso al consejo de Jackie.

- Ah, y una cosa más – dijo Ella – En ese periodo de reflexión, hasta que decidas, te sugiero que no beses a nadie más por si acaso.

- Que graciosa – dijo Jenifer – Pero ¿Y si me intenta besar alguno de ellos?

- Pégales – dijo Ella.

- ¡No! – gritó Jackie - ¿Cómo va a pegarles?

- Es muy fácil, cierras el puño y…

- No la hagas caso – dijo Jackie – Invéntate algo… ¡Di que te suena el móvil! O que has quedado con nosotras o cualquier cosa.

- Está bien – dijo Jennifer – Me invento algo.

- Y si eso no funciona… puñetazo.

- Cállate ya – dijo Jennifer pegando a Ella con la almohada en la cabeza.

- Déjate de peleas de almohadas y acaba tu “trabajo de historia”.

Me pasé la tarde encerrada en la habitación acabando mi “trabajo de historia”, aunque lo que estuve haciendo realmente fue intentar decidir entre mis dos pretendientes.

A riesgo de parecer estúpida, hice una lista con los pros y los contras de cada uno. El problema fue que no se me ocurrieron muchos contras para ninguno y el propósito de la lista se fue a la mierda, me asomé a la ventana y la quemé con un mechero para que nunca nadie encontrase mi patético intento de elegir entre dos chicos que según yo no tienen contras excepto el pequeño detalle de que se quieren matar entre ellos.

Me estuve desquiciando hasta la hora de cenar, cuando por fin di por finalizado mi trabajo de historia. Respecto al tema, decidí no darle mas vueltas y dejar que surgiera solo. En su momento sabría a quien elegir.

Se me hizo tarde y cuando salí de la habitación todo el mundo había bajado ya al comedor y no quedaba nadie en los pasillos de las habitaciones, o casi nadie.

- ¡Oh, Jennifer! Que susto me has dado.

- Hola a ti también Sheryl.

- ¿Bajas a cenar?

- Si, acabo de terminar de hacer… tareas. Se me ha hecho tarde.

- A mi también – dijo Sheryl mientras caminaban – Ejem, por cierto, Erich me ha contado… bueno, ya sabes.

- Ah, si – dijo Jennifer entendiendo lo que quería decir Sheryl – Habría sido mucho pedir que no dijese nada.

- Tranquila, no es de esos. No se lo ha contado a nadie más, aunque supongo que a Jackson si claro, pero a nadie más.

- Eso espero – dio Jennifer mientras bajaban las escaleras.

- Jennifer, quería saber si tenias – hizo una pausa – alguna intención se salir con él.

- Pues – empezó Jennifer tratando de elegir bien las palabras – La verdad es que no lo sé, estoy pensando, aunque él tampoco me ha dicho nada claro.

- Ah ¿Quieres que te lo pida? – dijo Sheryl ilusionada – Se lo puedo decir si…

- No, no me has entendido bien. Quiero decir que aunque me lo pidiese me lo pensaría.

- Ah, entiendo – dijo Sheryl pensativa, ya casi habían llegado al comedor - ¿No te gusta?

- No Sheryl, no es eso. Es algo más complicado.

- Es Derek – afirmó Sheryl – Os vi el otro día… no estaba fisgando ni nada. La puerta del salón estaba abierta y…

- Tranquila, estoy indecisa, eso es todo.

- No diré nada. Solo espero que escojas bien – dijo Sheryl mientras entraban en el comedor – Nos vemos.

- Chao.

Cuanta menos gente quieres que se entere de algo, antes se sabe y más gente se entera.

Eligiese a quien eligiese, siempre haría daño a alguien y también habría alguien que se enfadaría o no estaría de acuerdo con mi elección. Aunque lo que se supone es que lo importante es que yo sea feliz independientemente de a quien escoja.

En fin, esto me va a dar más de un quebradero de cabeza y será mejor estar preparada.

Jennifer, 30 de Septiembre de 2007.


Diario de Jennifer - Cap 17

Capitulo 17 y sigo escribiendo :P

Querido diario:

A aquellas alturas no me había esperado una visita menos inesperada que la que tuve en la noche del viernes.

El pequeño espacio de terreno que había entre el autocar y el porche del internado, bastó para dejarnos empapados de pies a cabeza.

- Dios, me ha calado hasta los calzoncillos – dijo Derek empujando la pesada puerta para cerrarla una vez estuvieron todos dentro.

- ¡Derek! – le riñó Jackie.

- No eres el único – dijo Parker.

- Sois unos guarros – dijo Jackie ofendida haciendo reír a todos – A mi no me hace gracia, no me interesa saber hasta dónde os ha llegado el agua.

- Oh oh – dijo Ella.

- ¿Qué pasa? – preguntó Jennifer.

- Blaylock viene hacia aquí –dijo Derek por ella – A lo mejor nos ha oído.

- Si señor Harrison, les he oído perfectamente – dijo la señora Blaylock – Pero no estoy aquí por sus malos modales, también va por usted señor Stevenson, debería hacer caso de su hermana – dijo mirando a Parker, y después volviendo la vista a Jennifer – Señorita Messer, tiene visita.

- ¿Yo? – preguntó Jennifer.

- ¿Acaso ve por aquí a alguien más con su mismo apellido? – preguntó cortante la directora – Espere aquí, ahora le traigo a sus visitas – dijo alejándose hasta entrar en el comedor.

- ¿Serán mis padres?

- No lo creo – dijo Ella.

- ¿Quién será entonces? –preguntó Derek.

Sus dudas se disiparon en cuanto la señora Blaylock abrió la puerta del comedor, dejando salir tras ella a dos chicas que Jennifer conocía perfectamente.

Sus dos mejores amigas estaban allí, ¿o sería mejor decir sus dos ex-mejores amigas?

Ya se estaba acabando Septiembre y la había ignorado por completo durante ese último mes. Y ahora Wendy y Johanna estaban allí.

Había tenido noticias de medio Nueva York excepto de ellas dos. Y ya estaba empezando a olvidar el tema cuando van y aparecen aquí, para echarlo todo abajo de nuevo.

- Hola Jenn – saludó Johanna con voz firme, como siempre, no se acobardaba ante nada.

- ¿Qué hacéis aquí? – dijo Jennifer intentando parecer lo mas borde posible y procurando que no se le quebrase la voz.

Ella la había tenido sujeta por el codo desde que se había abierto la puerta para que no perdiese el equilibrio, y Jackie la había cogido de la mano que le quedaba libre. Las dos estaban al tanto de lo que había sucedido. No estaba sola.

- Hemos venido a verte – dijo Johanna – Creo que tenemos que hablar.

- Hablar… - dijo Jennifer con la voz llena de rencor - ¿Ahora queréis hablar? ¿Después de haber estado un mes sin tener noticias vuestras? ¿Quieres que hablemos de eso Johanna?

- Lo siento Jennifer.

- Era una maldita llamada Johanna. Un correo, un mensaje. No os costaba nada.

- Lo siento – repitió de nuevo la chica – Tu te has ido y… hemos conocido a gente nueva.

- Eso no es excusa – le reprochó Jennifer – Yo también he conocido a gente nueva y no os he olvidado como si no hubieseis existido nunca por el simple hecho de estar lejos.

- Se que no nos hemos comportado bien pero…

- No, no hay peros – la cortó Jennifer – No teníais derecho a hacer esto.

- Entonces no se qué quieres que te diga Jenn. Hemos venido aquí para intentar arreglar las cosas, pero tú no pones de tu parte.

- No tendría que poner nada de mi parte si no hubieseis hecho esto ¿o acaso me hechas la culpa de lo que ha pasado?

- Yo no te culpo de nada, sabemos que ha sido culpa nuestra.

- ¿Por qué hablas por las dos? ¿Acaso la pasa algo y no puede hablar? – dijo Jennifer mirando a Wendy, su mejor amiga, que no había abierto la boca desde que habían llegado - ¿No vas a decirme nada?

- Déjala en paz – le dijo Johanna – Lo está pasando muy mal con esto.

- Ah, ya veo. Solo defiendes a las que viven en Nueva York. De acuerdo, entonces tal vez en verano cuando vuelva podamos hablar.

- Jennifer te estás poniendo imposible – le dijo Johanna enfadada.

- A mi no me grites Johanna – le espetó Jennifer.

- Aquí la única que esta gritando eres tú. Si te tranquilizas un poco podremos hablar como personas.

- Creo que contigo ya he hablado bastante ¿Qué hay de ella? ¿La das permiso para que me hable?

- ¡Jennifer vale ya! – le gritó Johanna.

- ¿Qué opinas tú de esto Wendy? – le dijo Jennifer.

Wendy levanto la vista para mirarla, pero enseguida la bajó de nuevo. En los escasos segundos en los que Jennifer pudo verle la cara, observó que estaba más pálida de lo que era habitual en ella, tenía unos círculos morados bajo los ojos y estaba algo demacrada. Pero no le importó. Su silencio era peor que todo lo que hubiese podido decir.

Jennifer se alejó de allí corriendo y se fue subiendo los escalones de dos en dos.

- ¡Jenn! – gritó Ella.

- Espera – la detuvo Derek – Ya voy yo.

Derek persiguió a Jennifer por la escalera mientras que Ella le gritaba de todo a Johanna. Parker intentó calmarla, pero cuando Ella se enfadaba no había quien la detuviese hasta que no hubiese dicho todo lo que tenía que decir. Jackie ni se molestó en hacerla callar, estaba de acuerdo con Ella.

Minutos después salió la directora Blaylock ante el escándalo que estaban montando y se encontró con Ella y Johanna tirándose de los pelos. Les hizo subir a sus habitaciones. Johanna y Wendy debían quedarse aquella noche en el internado y al día siguiente por la mañana se irían, así que la directora las acompañó a una habitación vacía en la quinta plata, la de los profesores.

Entre tanto, Jennifer acabó en el único lugar en el que pensó que podría estar sola, el antiguo comedor. No había vuelto a subir desde la última vez.

Caminó de un lado a otro de la habitación hasta que sonó su móvil. El pitido le indicaba que había recibido un sms. Sacó su móvil del bolsillo trasero de su pantalón y vio la imagen de un sobre parpadeando en la pantalla, lo abrió, era de Wendy.

El mensaje decía que lo sentía mucho y que la perdonase.

Jennifer no aguantó ni un minuto más y lanzó el móvil contra el suelo, haciendo que se desmontase.

Wendy no había tenido el valor de decirle nada cuando habían estado cara a cara, pero si de mandarla un mensaje pensando que así se arreglaría todo.

Jennifer se sentó en el suelo mientras empezaba a sollozar. Estaba tan enfadada y alterada que notaba el pulso en los oídos y no oyó a Derek tras ella, recogiendo lo que quedaba de su móvil, hasta que habló.

- Tal vez lo pueda arreglar – dijo Derek – El móvil quiero decir ¿Estas bien?

Por supuesto que no estaba bien. Aunque Jennifer sabía que no lo había preguntado con mala intención. Se echó a llorar en los brazos de Derek mientras él la envolvía en un abrazo. La estuvo meciendo y acariciando el pelo hasta que Jennifer dejó de llorar y temblar de rabia y empezó a temblar de frío, ya que ambos seguían empapados por la lluvia. Pero Derek siguió abrazándola aunque ya no lloraba.

- Debería bajar – dijo Jennifer al rato.

- Tranquila. Seguramente se habrán ido ya a dormir. No pienses más en eso.

- Vosotros nunca me haríais algo así ¿verdad?

- Claro que no – dijo Derek cogiéndole la barbilla para levantarle la cabeza y hacer que la mirase – Nunca.

Entonces, pasó lo que tenía que haber pasado desde que aquella simpática mujer nos interrumpió en el probador. Aunque aquel no era el momento más indicado.

Derek se inclinó hacia mi y yo me acerqué mas a el hasta que nuestros labios se juntaron. No era lo mismo que besar a Erich, con Derek era muy distinto.

El beso duró lo que me pareció una eternidad hasta que Derek se levantó y me llevó a mi habitación cogida en brazos. Ella y Jackie estaban levantadas cuando llegamos pero al mirar a Derek, comprendieron que debían dejarme tranquila y así lo hicieron, me quité rápidamente aquella ropa mojada y me metí en la cama sin decir una palabra, y al momento se apagaron las luces.

Ella y Jackie dormían cuando me desperté a los veinte minutos de haberme acostado, como ya era costumbre cuando no podía dormir, bajé a la cocina a por un vaso de agua y me encontré con Johanna, recordando que ella hacía lo mismo cuando no podía conciliar el sueño.

- No puedes dormir ¿eh? – le dijo Johanna amablemente.

- Tu tampoco – respondió Jennifer.

- Tu amiga tiene mucho carácter. Casi me arranca la cabeza.

- Si que lo tiene – dijo sonriendo, imaginándose la escena que habrían montado cuando ella se había marchado.

- Jennifer, no nos hemos buscado un nuevo grupo de amigos – dijo Johanna cambiando de tema – La madre de Wendy está enferma.

- ¿Cómo? – dijo Jennifer.

- Ni nos dimos cuenta de que no sabíamos nada de ti hasta que encendí el ordenador el martes. He estado cuidando de Wendy, ya has visto como esta. No quería que te enterases y por eso me invente todo aquello antes. De verdad que no te estábamos dejando de lado Jenn.

- Espera – dijo Jennifer apoyándose en la mesilla de la cocina, aquello era demasiada información y Johanna hababa muy deprisa - ¿La madre de Wen está enferma?

- Así es. Le dio un infarto poco después de marcharte y ha estado ingresada todo este tiempo, ahora ya está mejor y por eso hemos venido. Este mes ha sido muy raro y… no sé, hemos estado como incomunicadas y el otro día cuando me llegaron tus mensajes me sentí fatal porque…

- Vale Johanna. Para – le dijo Jennifer, efectivamente hablaba muy deprisa – Lo entiendo, no me tienes que explicar nada más.

Y nos abrazamos como las buenas amigas que somos. Y yo soy imbécil, queda demostrado, tendría que pensar un poco las cosas antes de decirlas.

Por la mañana me despedí de las dos porque debían marcharse a Nueva York. No nos hizo falta decir nada para saber que estaba todo perdonado, pero aún así yo le pedí perdón a Wendy.

Les conté lo sucedido a los demás y al momento se sintieron igual de mal que yo, sobretodo Ella, que había intentado pegar a Johanna antes de que apareciese la señora Blaylock.

En fin, parece que todo ha vuelto ya a la normalidad. Las cosas pueden empezar a ir bien… en cuanto resuelva el otro gran problema que tengo entre manos.

Jennifer, 26 de Septiembre de 2007.


sábado 29 de agosto de 2009

Diario de Jennifer - Cap 16

Nuevo capitulo ;D

Querido diario:

¡Por fin viernes! Eso es lo que dije yo anteayer, lo que quiere decir que estamos a domingo. Los viernes son días alegres. Los esperas durante toda la semana por el simple hecho de poder decir “¡Ey! ¡Hoy es viernes!”, que significa que la tortura de las clases acaba a medio día y que después llegan otro dos días en los que puedes ser libre.

Pero cuando un viernes empieza o acaba mal, el resto del fin de semana no va a mejor, que es lo que me ha pasado a mí.

Estos tres días han sido, con diferencia, los peores y mas confusos que he pasado aquí. No entiendo por qué el mundo se dedica a hacerme la puñeta todo el rato a mi ¿Acaso no hay otra pobre víctima con la que tomarla? Debe ser que no.

Los motivos de por que no he escrito durante la semana ya los sabes, son los mismos que los de la semana pasada, y los de por que estoy escribiendo ahora, te los voy a explicar.

Como supondrás, todo empezó el viernes.

Todo el internado estaba revolucionado porque el martes nos dijeron que el viernes nos llevarían al pueblo y nos dejarían a nuestras anchas hasta la noche.

Cuando acabaron las últimas clases de la semana, todos nos apresuramos al comedor y nos comimos nuestra comida en el más absoluto silencio, era raro ver el comedor tan silencioso comparado con el barullo al que estábamos acostumbrados. Comimos sin hablar y si me apuras sin apenas respirar. Todo el mundo quería acabar pronto.

Después de esto, corrimos a nuestras habitaciones a arreglarnos y coger nuestras cosas para el viaje. Salíamos de aquí a las cuatro y media, pero desde por la mañana en el parking se podía ver la fila de autocares blancos y negros, con el escudo del internado, esperándonos.

A y cuarto ya estábamos prácticamente todos en la fila de nuestro autocar esperando a que nos dejasen subir.

- Verás que bien nos lo vamos a pasar – dijo Ella enganchándose al brazo de Jennifer - ¡Tu primera salida! ¡Que emoción!

- Creo que la estás asustando – dijo Derek apareciendo junto a ellas – Además, sin duda es mucho mejor cuando nos escapamos.

- Vale, ahora sois los dos los que me estáis asustando – dijo Jennifer - ¿Cómo que os escapáis? El pueblo debe estar lejísimos.

- No si te llevan claro – dijo Derek.

- ¿Y quién os lleva?

- Una gente muy simpática que se para cuando haces autostop – dijo Ella.

- Vale – dijo Jennifer sin poder creerlo – O sea que os escapáis de aquí y hacéis autostop para que “una gente muy simpática”, que podrían ser asesinos o cualquier cosa, os lleve al pueblo.

- No seas mal pensada, no dejamos que nos lleve cualquiera… generalmente nos lleva Alfred – dijo Ella.

- Y Alfred es…

- Un granjero que tiene su granja por aquí cerca.

- Estáis todos locos… ¿También hacéis autostop para volver?

- Por favor Jennifer, no digas burradas – dijo Derek haciéndola reír incluso a ella – Vamos en taxi, invita el señor Stevenson.

- ¿Y aún creéis que no debo asustarme?

- Es lo que tiene ser pobre – dijo Derek guiñándole un ojo con complicidad – A veces hay que viajar detrás con animalitos en la camioneta de Alfred.

En ese instante se abrieron en cadena las puertas de los autocares y los profesores responsables de cada autocar pasaron lista a medida que los chicos iban entrando y cogiendo sitio.

A la mitad del autocar, se sentaron en la fila derecha Jennifer y Jackie, detrás Derek y Parker, y al lado de ellas en la otra fila Ella y Gina y el resto de su grupo, Gina había conseguido hacer un chanchullo en las listas quién sabe como para poder colar a todo su grupo. En las últimas filas se sentaban armando barullo Erich con Jackson y todo el grupo de Sheryl.

- ¿Crees que es verdad lo que me dijo? – le preguntó Derek a Parker.

- No lo creo – respondió este entre susurros, consciente de que su hermana y Jennifer, estaban sentadas delante.

- Pues te equivocas.

- ¿Entonces por qué me lo preguntas? – dijo Parker de mala gana – Además ¿cómo sabes que me equivoco?

- No sé cómo lo sé pero lo sé y punto – dijo Derek susurrando aún más – Seguro que besaron en esa “no cita”

- ¿Qué piensas hacer?

- No se lo que haré – dijo Derek – Pero desde luego, ese idiota no se va a salir con la suya.

- Yo que tú me levantaba ahora mismo y se la devolvía – le dijo Jackson a Erich hundiéndose en su asiento – Te ha dejado hasta marca.

- No seas idiota – le dijo Erich tocándose inconscientemente la parte de la mejilla donde Derek le había pegado la semana pasada – Si hiciese eso ahora me vería todo el mundo. No serviría para nada.

- ¿Y con ella que tal? – dijo señalando con la cabeza a los asientos de delante donde se encontraba Jennifer.

- No hemos hablado mucho. Me está como evitando.

- ¿Le habrá dicho algo Harrison?

- No creo, tal vez se sienta incómoda. Ya hablaré con ella.

- Entonces date prisa porque aquel no pierde el tiempo – dijo mirando de nuevo hacía Jennifer, que esta vez estaba vuelta hacia atrás charlando y riendo con Derek.

- Lo tengo controlado. Y además, Harrison me las va a pagar por esto –dijo señalando la marca en su cara.

Llegaron al pueblo sobre las cinco y media. Durante el camino había estado lloviendo a ratos, pero en cuanto bajaron la lluvia empezó a caer más fuerte y tuvieron que resguardarse donde pudieron, no sin antes quedar con los profesores en el mismo lugar donde estaban aparcados los autocares a las ocho y media.

Se encontraban en un parking que estaba al lado de una plaza enorme con una fuente en medio. El pueblo estaba todo hecho de piedra de distintas tonalidades de marrón, daba la impresión de que era igual de antiguo que el internado.

- Vamos ya – dijo Parker, estaba cansado de andar de un lado para otro bajo el toldo de la fachada que les resguardaba de la lluvia.

- Aún no – protestó su hermana – Espera a que escampe un poco.

- Jackie ya sabes cómo es la lluvia aquí, no escampará hasta dentro de unas horas, y eso si tenemos suerte – le dijo Parker – Ponte una capucha si no quieres que se te encrespe el pelo.

- Eso es fácil decirlo cuando se tiene el pelo liso – le reprochó Jackie.

- Cállate ya.

- Idiota – dijo Jackie por lo bajo.

- ¡Te he oído!

- ¡Venga ya! – gritó Derek desesperado – Hermanitos dejadlo de una vez.

- Si – le apoyó Ella – Vamos a salir de aquí.

Se metieron por unas callejuelas oscuras, intentando ir por los soportales para no mojarse demasiado, hasta que llegaron a una calle enorme de ancha llena de tiendas. En el centro se encontraban algunas carpas con puestos de ropa, joyas, cuadros, discos… Como en los mercadillos de la playa.

- Que recuerdos – dijo Jennifer – Aunque faltaría la playa de fondo.

- Bueno tienes agua – dijo Derek mirando hacia el cielo – Y toma – se agachó y cogió un puñado de tierra seca para ponérselo en la mano a Jennifer – Ya tienes arena. Agua y arena y puestos, estás como en casa.

- Vamos – dijo Jennifer riendo, arrastrándole con ella - ¿Vosotros no venís?

- ¡Vamos a buscar un sitio para cenar y ahora volvemos! – les gritó Ella, que desaparecía calle abajo con los mellizos tras ella.

- En esta calle están todas las tiendas y restaurantes del pueblo – le explicó Derek a medida que avanzaban bajo la lluvia – Es como el centro comercial.

- Es bonito – dijo Jennifer admirando la combinación que hacían las bonitas fachadas de piedra antigua con los carteles luminosos y el colorido de las tiendas.

Entretanto ya habían llegado a las carpas blancas que les resguardaban de la lluvia. Derek se paró a mirar algunos CDs de música mientras que Jennifer curioseaba de un lado a otro hasta que algo la hizo detenerse.

- Madre mía – dijo con la boca abierta.

- ¿Qué has visto? – preguntó Derek siguiendo su mirada hasta dar con lo que la tenía tan impresionada – Oh, claro, las chicas y los vestidos.

- Es precioso – dijo Jennifer mientras se acercaba al vestido azul cielo de gasa que había colgado en una percha frente a ella. Era un vestido de tirantes ajustado hasta la cintura, donde se ensanchaba dando lugar a una bonita falda.

- ¿Por qué no te lo pruebas?

- Porque me gusta.

- ¿Y?

- ¿Cómo que y? – dijo Jennifer – Sería una estupidez comprarlo porque yo no me pondría un vestido así en la vida.

- Hay una ocasión en la que podrías usarlo.

- Si, cuando vaya a mi mansión de Inglaterra y la reina, en una de sus muchas visitas, venga a tomar el té conmigo.

- ¿Me invitarás?

- ¡Derek! – dijo Jennifer pegándole en el hombro – No lo usaría nunca.

- Vale. Primero, creo que debo decirte que no me hace ningún daño que me pegues siempre en el hombro, y segundo podrías llevar el vestido en la fiesta.

- ¿Qué fiesta?

- La de fin de curso, en verano. La hacemos todos los años. No es como tomar el té con la reina… - dijo haciéndola reír – Pero ya sabes que hay que ir arreglado.

- ¡Voy a probármelo! – dijo besándole en la mejilla y corriendo a meterse en uno de los improvisados probadores.

- Te espero – dijo Derek situándose frente al probador.

- ¿Preparado? – dijo Jennifer al cabo de un minuto.

- ¿Listo? – dijo Derek siguiéndole la corriente.

- ¡Ya! – gritaron los dos a la vez cuando Jennifer abrió la cortina.

- Vaya, estas… - empezó Derek, se había quedado sin palabras – Estas preciosa.

- ¿De verdad? – dijo Jennifer sonrojada.

- De verdad – dijo Derek acercándose a ella, cogió la cara de Jennifer entre sus manos y…

- ¡Oye guapa! ¿Piensas dejar de acaparar el probador algún día? – les gritó una señora mayor tras ellos haciendo que se sobresaltasen.

- Oiga señora ¿Qué más le da esperarse un momento? – dijo Derek volviéndose hacia ella, viendo que llevaba una pila con al menos seis vestidos en las manos.

- ¡Querrás decir señorita guapo! ¡Y si me importa esperar! ¡Llevo prisa!

- Ay dios… - dijo Derek volviéndose hacia Jennifer, que se estaba partiendo de risa - A mi no me hace gracia.

- Será mejor que me cambie ya ¿Me aguantas esto? – dijo dándole su mochila.

- Claro.

- Mientras puedes hablar con tu amiga – dijo cerrando la cortina del probador, echándose a reír de nuevo.

- Que graciosa – dijo haciendo un mohín, mirando de nuevo a la señora con desdén por haberles estropeado el momento.

- ¿Puede saberse que miras pervertido? – le espetó la señora.

- ¿Pero que dice señora? – dijo Derek sin dar crédito de lo chalada que estaba aquella mujer – Ni borracho la miraría yo a usted así.

- ¡Serás impertinente! – dijo la señora indignada.

- ¡Derek! – llamó Jennifer desde el probador.

- Dime.

- ¿Puedes sujetarme el vestido? – dijo pasándoselo por un hueco que quedaba encima del probador.

- Si – dijo Derek cogiéndolo – Lo tengo.

- Gracias.

- ¡Ten cuidado niñita! – gritó la mujer para que Jennifer la oyese - ¡Tu amigo en un pervertido!

- Yo no aguanto esto – se dijo Derek mientras se alejaba de la señora, no sin antes oír la sonora carcajada que soltó Jennifer ante el comentario de la mujer.

Cuando Jennifer salió del probador no se encontró a Derek allí, en su lugar estaba la señora esperando impaciente, que la apartó de un empujón nada más verla salir.

Jennifer le buscó con la mirada hasta que lo vio en el puesto de al lado mirando CDs de nuevo, llevaba una bolsa blanca de plástico en la mano y su mochila, pero no había ni rastro del vestido.

- ¿Y el vestido? – preguntó Jennifer cuando llegó hasta el.

- Aquí – dijo tendiéndole la bolsa.

- ¿Me lo has comprado?

- No, lo he robado – dijo Derek – Pero el señor ha sido tan amable que me ha dado una bolsa para que no se mojase. Un buen tipo.

- ¡Derek! – le gritó Jennifer dándole de nuevo en el hombro.

- ¿Te he dicho ya que no me duele?

- ¿Quieres que te de donde duele?

- Tranquila, para eso no tengo más que acercarme a esos probadores – dijo recordando a la mujer.

- No tenías que habérmelo comprado.

- Considéralo un regalo – dijo dándole la bolsa y su mochila.

- Está bien – dijo Jennifer a regañadientes, aceptando la bolsa y metiéndola cuidadosamente dentro de su mochila.

- No te enfades.

- Yo te pago la cena – dijo Jennifer, Derek soltó un resoplido de resignación y siguió mirando discos mientras Jennifer se colocaba su mochila.

Al meter el brazo por una de las asas, dio sin querer a alguien que había tras ella, se giró y vio a un chico de su edad.

- Oh, lo siento – se disculpó - ¿Estás bien?

- No había estado mejor – dijo el chico sonriéndola, Jennifer le sonrió también y al instante notó el brazo de Derek sobre sus hombros.

- Que bien te ha quedado eso – le dijo Derek al chico – Tal vez con otra te sirva para ligar.

El chico se marchó de allí ante la mirada de advertencia de Derek y los dos volvieron al lugar donde habían quedado con los demás.

Les encontraron nada más llegar junto con todo el grupo de Gina y se dirigieron hacia el italiano nuevo que habían encontrado calle abajo.

Comimos, nos lo pasamos bien, contamos la anécdota de la señora en los probadores con la que todo el mundo se partió de risa, omitiendo claro está, la parte del “casi beso”.

Pagué lo de Derek como le había dicho que haría y fuimos al autocar, donde ya había unas cuantas personas montadas. Seguimos de broma con Derek “el pervertido” mientras llegó el resto y nos pusimos en marcha de vuelta al internado.

No paró de llover hasta la madrugada.

Te preguntarás que tiene de malo todo esto, la respuesta es nada, esta parte estuvo genial. Lo peor pasó cuando llegamos al internado.

Dejamos que saliera toda la multitud del autocar para no morir aplastados. Pero yo no tenía ni idea de lo que me esperaba nada más traspasar las puertas del internado.

Jennifer, 26 de Septiembre de 2007.


viernes 7 de agosto de 2009

Diario de Jennifer - Cap 15

Buenasss! Nuevo capítulo ^.^

Querido diario:

Estoy flotando en una nube. Sobrevolando el cielo. Dejándome mecer por la suavidad del viento… hasta que ¡Plof! Me despierto y descubro que todo el royo de la nube y el viento ha sido un sueño y que lo que pasó ayer si fue real. Prefería lo de la nube.

- ¿Qué le pasa? – preguntó Ella sentándose al lado de Jackie y dejando su bandeja del desayuno sobre la mesa.

- No lo se – contestó Jackie – Cuando he llegado ya me la he encontrado así.

Las dos chicas estaban observando a Jennifer, sentada frente a ellas, con su bandeja intacta y con la cara enterrada entre las manos.

- Oye – dijo Ella dándole un golpecito en la cabeza.

- ¿Qué? – dijo Jennifer, su voz sonaba amortiguada por tener las manos sobre la cara.

- ¿Qué te pasa? – preguntó Jackie.

- Nada.

- ¿Y si no es nada por qué estás así? – preguntó Ella.

- Ya sabéis por qué – dijo Jennifer quitándose las manos del rostro – Por Erich. No se si lo de ayer estuvo bien.

- Ajá. Lo sabía – dijo Ella.

- ¿El qué sabias? – preguntó Jennifer.

- Que te sientes culpable… por Derek – finalizó Ella.

- ¿Cómo dices? – preguntó Jennifer sorprendida y algo irritada.

- Temes que se entere Derek ¿Por qué ibas a estar así si no?

- Porque no se si me conviene tener algo con Erich. No por Derek – dijo Jennifer enfadada ante la insinuación de Ella. La verdad era que no se había parado a pensar en Derek hasta aquel momento.

- Claro – dijo Ella.

- No me des la razón como si fuese estúpida – dijo Jennifer levantando la voz.

- Ten por seguro que no te la estoy dando – dijo Ella igual de enfadada que ella.

- Ella… - la advirtió Jackie.

- No Jackie. Que sepa a que esta jugando.

- Ella no es asunto tuyo lo que yo haga – dijo Jennifer. Aquello se había convertido en una discusión en toda regla.

- Si que lo es si estas jugando a dos bandas Jennifer. Me gusta Erich, me gusta Derek. Salgo con Erich pero luego me siento culpable y mientras tanto a Derek que le den – dijo Ella descargando su enfado contra Jennifer.

- Me voy – dijo Jennifer levantándose. Se contuvo para no soltarle un guantazo a Ella allí, delante de todo el mundo.

- ¿Y tu desayuno? – dijo Jackie intentando que volviese – Ni siquiera lo has probado.

- Se me ha quitado el hambre – dijo desapareciendo entre la multitud de estudiantes que iba de un lado a otro por el comedor.

- Te has pasado un poco Ella.

- Si, creo que si – dijo como si nada, arrastrando la bandeja de Jennifer hasta su sitio y empezó a comer las natillas que Jennifer no había siquiera abierto.

- Eres increíble – dijo Jackie poniendo los ojos en blanco.

- ¿Por quedarme su comida?

- Por hacerla enfadar – enfatizó Jackie – Y por comerte su comida.

- Si te molesta toma – dijo dándole una galleta.

- ¡Ella!

- ¡Vale! Ahora subo a verla ¿Contenta?

- Si – dio Jackie satisfecha.

- Jenn – la llamó Erich a sus espaldas cuando ya había comenzado a subir las escaleras.

- Genial - susurró Jennifer volviéndose hacia el.

- Ey creía que ya no estabas enfadada.

- Y no lo estoy pero…

- Genial. Entonces ven que te presento a mi padre – dijo Erich señalando con la barbilla a un hombre de unos 40 años, vestido con traje y exactamente igual que Erich solo que un poco mas viejo.

- Erich no creo que sea un buen momento.

- Vamos, si le vas a encantar – dijo Erich cogiéndola de la mano y arrastrándola por el vestíbulo.

- No lo digo por eso, es que…

- Papá esta es Jennifer, Jenn este es mi padre Jonathan Moore.

- Encantado Jennifer – dijo dándole la mano.

- Igualmente señor Moore. Perdón pero me tengo que ir – se disculpó mientras se alejaba de vuelta a las escaleras de nuevo – Ha sido un placer.

- ¿Qué te parece? – le dijo Erich cuando Jennifer se hubo alejado lo suficiente como para no poder oírles.

- Muy guapa hijo, parece buena chica y me parece estupendo que la lleves por ahí, pero ya que conduces sin carnet, procura que no te pille la policía.

- Vale – dijo Erich quitándose un peso de encima. Su padre ni siquiera le había regañado, solo le había dicho que tuviese mas cuidado la próxima vez. Si fuese su madre la que hubiese estado allí, no habría habido próxima vez, le habría quitado el coche directamente - ¿No querías ver a Derek? Va por ahí.

- Ahora te veo – dijo Jonathan caminando hacia Derek ¡Ey! ¡Derek!-

- Ah… – dijo Derek desilusionado al volverse y ver quien le llamaba – Hola.

- ¿Cómo estas chaval? – dijo palmeándole el hombro.

- Bien – dijo apartándose.

- Bueno, tu madre te manda recuerdos.

- Oh, que atento por su parte – dijo Derek con sarcasmo.

- Solo se preocupa por ti, entiéndelo.

- Que considerada es ¿verdad? Después de abandonarme, me manda recuerdos, pero claro, yo soy el raro.

- Derek…

- Olvidadme ¿vale? – dijo alejándose.

- No deberías ser tan borde – le dijo Erich cuando pasó a su lado.

- Ni tu tan imbécil, pero que le vamos a hacer. Naciste así y ya no hay remedio.

- Vaya con el pobre huerfanito desolado… que pena que la vida te trate tan mal – dijo Erich haciendo que Derek se parara y volviese hacia el.

- Con todo, creo que me va mejor que a ti.

- ¿Tu crees? Porque de momento vas perdiendo contra mí.

- ¿De que hablas?

- De Jennifer claro está ¿No te ha dicho nada? – dijo con una sonrisa malévola en el rostro.

- ¿Qué es lo que me tiene que decir?

- Que lo pasamos muy bien ayer.

- Eso sería lo que te pareció a ti.

- No creo que fuese el único que se lo pasó bien… cuando fue ella la que me besó.

- Ya te gustaría – dijo dándole un suave guantazo en la cara, que hizo que, aun así, Erich retrocediese del impacto.

Erich se quedó allí viendo como se alejaba, con la mandíbula apretada y la mano en la mejilla.

- Esta me la pagas Harrison – dijo para sus adentros, volviendo con su padre.

Jennifer estaba sentada frente a su escritorio con el libro de español abierto por la página 15. Era una de las pocas asignaturas que peor se le daban y Jackie tampoco la ayudaba mucho, no hacía mas que hablar y hablar durante toda la clase, claro que Jennifer, pese a sus esfuerzos por prestar atención, no la decía que se callase ni mucho menos. Le seguía la conversación y así le iba, le costaba muchísimo ponerse al día, y eso que acababan de empezar.

Cuando no llevaba apenas ni 20 minutos leyendo algunas expresiones básicas, tiró el libro al suelo de pura frustración y encendió su ordenador. Revisó el correo. En los últimos días había tenido noticias de algunos de sus antiguos compañeros de clase de Nueva York, pero ni rastro de Wendy o Johana, y ese día no fue distinto.

Cabreada y luchando por no llorar, le dio una patada a un cajón de su escritorio que estaba abierto, cuando apareció Ella por la puerta.

- Perdona, no creía haberte enfadado tanto.

- No estoy enfadada contigo – dijo Jennifer sentándose en su cama.

- ¿Qué pasa entonces? – dijo ella acuclillándose a su lado.

Le expliqué que estaba así porque se me da como el culo español y no se si podré aprobar la asignatura, porque Erich me acababa de presentar a su padre como su novia o vete a saber que y porque mis mejores amigas habían decidido pasar de mi.

- Lo siento – dijo Ella abrazándola – No sabía que lo estabas pasando mal…y también siento lo de hoy en el desayuno.

- No perdóname tú, era yo la que estaba cabreada, es normal que te preocupes por Derek.

- Esta colado por ti – dijo deshaciendo el abrazo – No quiero que se haga ilusiones si…

- Lo se – dijo Jennifer – Cuando me aclare, hablare con los dos.

- Vale – dijo Ella.

Como hoy el día no ha ido muy bien que digamos, he decidido no pensar en nada y disfrutar lo que me queda del domingo sin preocupaciones. Aún quedan unas horas que aprovechar antes de que sea lunes.

Jennifer, 19 de Septiembre de 2007.




jueves 6 de agosto de 2009

Portada para Amor Fugaz

Holaaaa! Ya se que no viene a cuento de nada (como bien me han dicho ya, Elena ¬¬) pero he hecho una portada para Amor Fugaz aprovechando que aun no me he desquiziado mucho aprendiendo a usar el Photoshop. A ver que os parece ^.^


domingo 2 de agosto de 2009

Diario de Jennifer - Cap 14

Holaaa! Aquí el último capitulo que he escrito, me tendré que poner a ello :P Ya os puede gustar este capitulo porque me costó el doble que los demás, soy tan torpe que sobreescribí un archivo anterior al que acababa de guardar y se me perdió tooooodo este capitulo y creerme que no es nada corto xD

Querido diario:

El día de hoy no ha podido ser más surrealista. A parte del hecho de que estoy escribiendo esto metida en la bañera, claro.

Ya por la tarde, cuando Ella y Jackie acabaron de arreglarme, me despedí de ellas y baje hasta la entrada que daba al parking. Antes de salir me encontré de frente con Derek y Parker, que volvían de jugar al futbol.

- Te espero arriba – le dijo Parker a Derek al ver que este se había parado – Hasta luego Jennifer.

- Hasta luego – se despidió. Luego volvió la vista para mirar a Derek – Me tengo que ir ya.

- Claro, no hagas esperar a su alteza.

- No te enfades – dijo Jennifer dándole un beso en la mejilla – Hasta mañana.

- Adiós – dijo Derek mientras la veía salir por la puerta.

Afuera la estaba esperando Erich apoyado en su BMW negro. Se había vestido con una camiseta de manga corta y unas converse blancas y un pantalón de color negro.

- Hola – dijo Erich incorporándose y abriéndole la puerta del copiloto – Estas muy guapa.

- Gracias – dijo Jennifer entrando en el coche.

- Bueno – dijo Erich entrando y arrancando el coche – Nos vamos.

- Yujú – dijo Jennifer con fingido entusiasmo.

- Venga, si te lo vas a pasar bien.

- Lo dudo.

Erich rió mientras daba marcha atrás con el coche para sacarlo de la plaza de aparcamiento. Llevaban ya veinte minutos en la carretera callados desde que habían dejado atrás la verja metálica del internado, cuando Jennifer rompió el silencio.

- ¿Puedo poner música?

- Claro – dijo Erich.

Jennifer pasó rápidamente por todas las emisoras de radio, pero ninguna la convenció. En todas había canciones románticas, de amor y vivieron felices y comieron perdices. Erich se reía de las caras que ponía Jennifer cuando escuchaba las canciones.

- Espera – le dijo mientras sujetaba el volante con una mano y con la otra abría la guantera del coche y se ponía a rebuscar algo en ella. Su rostro y el de Jennifer se encontraban a pocos centímetros el uno del otro, ella se dio cuenta y se echó hacia atrás en su asiento.

- ¿Qué buscas? – le preguntó.

- Esto – dijo Erich sacando una pila de CDs – Elige el que quieras.

- Umm… – dijo Jennifer mientras revisaba los CDs – No sabía que te gustaba esta música.

- Si, no hemos hablado mucho de música – dijo sonriéndola – Seguro que si te digo que me gusta la playa tampoco lo sabías.

- ¿Te gusta la playa?

- Me encanta la playa.

- Vaya – dijo Jennifer riendo.

- ¿Qué? – preguntó Erich con curiosidad.

- Nada – rió Jennifer sacudiendo la cabeza. Ella era la loca que tenía un tarro de arena en su maleta… – Oye ¿y este? – dijo enseñándole un disco sin carátula.

- Ah, ese es mío.

- ¿Tuyo? ¿Cantas tú?

- Si.

- ¿En serio?

- Si – dijo Erich – ¿No te lo crees o que?

- No mucho.

- Ponlo entonces – dijo abriendo la disquetera.

Jennifer metió el CD con cuidado y le dio al play. Sin duda era Erich el que cantaba. Se pasó un buen rato escuchándolo sin decir nada.

- Si que la echas de menos – dijo derepente Jennifer pillándolo por sorpresa.

- ¿A quien?

- A la chica de tus canciones, y a la de esta en concreto.

Erich soltó una carcajada y tardó tiempo en parar de reír, Jennifer se quedo perpleja.

- ¿Qué?

- Esa canción se la escribí a mi hermana pequeña cuando se fue a Nueva York.

- Ah… - dijo Jennifer notando como se sonrojaba – Vale, pero ¿y las demás?

- No, esas no son a mi hermana. Pero tampoco son a nadie en concreto, ni tampoco me han pasado ni la mitad de las cosas que digo en ellas.

- Ah – dijo Jennifer, aliviada sin saber por qué – Pues… cantas bien.

- Gracias – dijo Erich - Te he escrito una canción.

- ¿Cómo? – preguntó Jennifer creyendo haber oído mal.

- Que te he escrito una canción – dijo mientras se le dibujaba una sonrisa en el rostro.

- ¿Me estas tomando el pelo? – dijo Jennifer con el corazón a mil por hora sin dar crédito. Siempre había querido que alguien le escribiese una canción.

- Te juro que no.

- Si eso es cierto…

- Es cierto – la cortó Erich.

- Si es cierto… – repitió Jennifer – Tengo derecho a oírla.

- Claro. Pero ahora no, ya hemos llegado – dijo Erich señalando por su ventanilla, estaban enfrente de la entrada del cine.

- Vale – dijo Jennifer saliendo por la puerta – Pero no te vas a librar.

Frente a la entrada del cine vieron la cartelera, pero ninguna película parecía convencerles.

- ¿Qué quieres ver? – le preguntó Erich.

- Nada – dijo Jennifer - ¿Y tú?

- Nada, todo es un asco. ¿Te gusta el cine antiguo?

- Si, algo ¿por?

- Ven por aquí – dijo Erich cogiéndola de la mano. La guió por la calle rodeando la fachada del cine hasta estar en la parte trasera – Aquí es. Ponen pelis antiguas.

- ¡Oh! – exclamó Jennifer.

- ¿Qué?

- ¡Desayuno con diamantes! – dijo al ver el cartel de su película favorita.

- ¿Te gusta?

- Me encanta.

- Vale – rió Erich – Vamos pues.

Entraron en el cine y mientras Jennifer se sentaba, Erich fue a comprar algo de comer al vestíbulo. La sala estaba completamente vacía a excepción de ellos dos.

- Vaya… - dijo Jennifer al ver aparecer a Erich con un cubo de palomitas gigante y dos coca colas.

- ¿Qué pasa ahora? – preguntó Erich divertido sentándose junto a ella.

- ¿Un solo cubo de palomitas? - preguntó Jennifer alzando una ceja – Eso es muy viejo Erich.

- ¿De que me hablas?

- Oh vamos – dijo indignada – Es como si bostezas y me pasas el bazo por los hombros.

Cliché número… ni idea, no se cuantos van ya.

- Si quieres voy a por otro cubo – dijo riendo – No quedaban individuales.

- No, es igual – dijo Jennifer – Pero recuerda el trato.

- A mandar.

Jennifer vio la película fascinada sin apartar la vista ni un momento de la pantalla mientras que Erich pareció no prestarle ninguna atención.

- No le has hecho ni caso a la película – dijo Jennifer cuando llegaron al coche. Erich se apoyó contra el y se la quedó mirando.

- Eso no es cierto.

- ¿Ah no? – preguntó Jennifer - ¿Cómo se llama la protagonista?

- Pues… - dijo Erich pensando – ¿Amy?

- ¿¿Amy?? – dijo Jennifer ofendida - ¡Se llama Holly!

- No es culpa mía que hayas venido tan guapa, así cualquiera presta atención a… Holly.

- Por favor – dijo Jennifer poniendo los ojos en blanco – Primero las palomitas y ahora esto – Erich seguía mirándola con la sonrisa que había llevado pintada en el rostro durante toda la tarde - ¿Te hago gracia o algo? – hizo una pausa y Erich no dijo nada - ¿No me piensas contestar?

- No – dijo este riendo.

- Vale, llévame de vuelta – dijo cabreada cogiendo el tirador de la puerta.

Erich la cerró antes de que pudiese entrar y se puso frente a ella. Ahora sus caras estaban más cerca incluso de lo que lo habían estado en el coche.

- ¿Qué haces? – preguntó Jennifer embobada perdiéndose en sus ojos verdes. Erich dio un paso más hacia ella y la besó.

¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! ¡¡¡Que momento!!! Mi primer beso… No sabía muy bien que hacer pero bueno, hice lo que pude. Empezó a llover un poco. Se que te preguntas por que en un momento así, yo me puse a mirar el tiempo, también paró un coche al lado nuestro en el que sonaba la canción Hide away de Hilary Duff. La respuesta a todo esto es porque aquello parecía la escena de una peli romántica.

“Los dos enamorados besándose bajo la lluvia delante de la entrada del cine con una canción romántica de fondo”.

Me dieron ganas de levantar una pierna como hacían las actrices de cine antiguo cuando recibían un beso, pero ahora pienso que habría sido una gran tontería, igual que haberme fijado en el tiempo…

Erich separó sus labios de los de Jennifer y le acarició la mejilla, quitándole algunas gotas de lluvia que le habían caído del pelo.

- Pasa – dijo separándose de ella y abriéndole la puerta.

Jennifer consiguió que sus piernas la obedeciesen y entró en el coche.

Durante el camino fueron escuchando el repiqueteo de las gotas de lluvia contra el cristal del coche. Jennifer estaba feliz y emocionada.

- ¿Por qué no hablas? – preguntó Erich cuando ya casi estaban llegando - ¿Te has enfadado?

- No – dijo Jennifer sonriendo como una tonta. Erich sonrió también y en ese momento oyeron a sus espaldas la sirena de un coche de policía.

- Oh mierda – dijo Erich.

- ¿Qué pasa? – preguntó Jennifer.

- Que no tengo carnet.

- ¿Cómo? – preguntó Jennifer alarmada.

- Si, lo se. Soy idiota.

- Si – coincidió Jennifer- Lo eres.

Erich paró el coche a un lado de la carretera y bajó la ventanilla cuando dos policías se acercaron a ellos.

- Hola chicos – dijo uno de los policías.

- Hola agente – contestó Erich.

- ¿Me dejas ver los papeles del coche y tu documentación?

- Vera… no tengo el carnet.

- Vaya, ¿has oído eso Henry? El chaval conduce sin carnet – le dijo al otro policía.

- Lo he oído Fred, menor y sin carnet.

- Si pero estamos al lado – intervino Jennifer - ¿Ven allí? – dijo señalando el internado – Estudiamos allí.

- ¡Genial! Entonces Henry te acompañará mientras yo me llevo a tu amiguito a comisaría.

- ¿A comisaría? – preguntaron Erich y Jennifer al unísono.

- Eso es, por lo menos no os falla el oído. Andando – dijo Fred.

- Pero no me pueden llevar a comisaría – dijo Erich - ¿Acaso saben quien es mi padre?

- ¿Eres idiota? – le dijo Jennifer – Cállate y hazles caso.

- Pues no chaval – dijo Fred – No se ni quien es tu padre ni lo importante que es. Pero será mejor que le hagas caso a tu novia.

- No soy su novia – le corrigió Jennifer.

- ¿Y por que te ofende eso? – preguntó Erich.

- Porque eres idiota – dijo Jennifer haciendo reír a los dos policías.

Henry me llevó de vuelta al internado mientras Fred se llevaba a Erich detenido a comisaría.

Una vez allí, Henry le explicó a la señora Blaylock lo que había pasado y que Erich estaba detenido. Me mandó a mi habitación y los dos se fueron a comisaría.

- ¡Hola! – gritaron Ella y Jackie cuando Jennifer encendió la luz de la habitación.

- ¡Dios! – dijo Jennifer sobresaltada llevándose la mano al pecho - ¿Qué hacéis despiertas?

- Esperarte boba –dijo Jackie haciendo que se sentase en la cama - ¿Cómo ha ido?

Les conté todo con pelos y señales.

- A comisaría… - dijo Ella secándose las lágrimas de la risa- Se lo comen vivo.

- Si y hay algo mas – dijo Jennifer.

- ¿Qué? – dijo Jackie.

- ¡Que me ha besado!

Las tres chicas gritaron emocionadas, Jennifer al recordarlo y las otras dos porque no se lo podían creer. Consiguieron tranquilizarse y dejaron de gritar cuando oyeron que daban golpes a al pared desde otra habitación. Se fueron a dormir y juntaron las camas porque Jackie se iba a quedar con ellas como todos los fines de semana.

Jennifer no consiguió conciliar el sueño. Se levantó de la cama con cuidado de no despertar a nadie y bajó a la cocina a por un vaso de agua.

Se lo bebió mientras daba un paseo por la recepción y se tuvo que esconder sin previo aviso en el hueco de debajo de la escalera cuando vio abrirse la puerta de la entrada.

Eran Erich y la directora Blaylock, Erich la vio en el último momento antes de esconderse y se echó a reír.

- ¿Le hace gracia esto señor Moore? – le dijo la directora furiosa – Porque no es de mi agrado tener que ir en mitad de la noche a buscar a uno de mis alumnos a comisaría.

- No señora – dijo Erich.

- Y encima mañana a primera hora estará su padre aquí para que le explique lo ocurrido. Espero que tenga una buena excusa.

Después de que la arpía le echase la bronca bien echada, ella subió las escaleras y Erich la siguió.

Cuando oí que se alejaban los pasos, salí de mi escondite. Pero tuve que volver porque de nuevo se oían pasos, que esta vez bajaban, crujiendo por la vieja escalera.

- Ya puedes salir – le dijo una voz desde arriba en la escalera, era Erich - ¿Qué hacías fisgoneando?

- No fisgoneaba – dijo Jennifer incorporándose y yendo a la cocina sin mirarle siquiera – Solo venía a por agua.

- Claro – dijo este detrás de ella.

- ¿Qué tal en el trullo? – preguntó mientras se bebía su vaso de agua, lleno de nuevo, en la cocina frente a él.

- Mal, me ha caído una buena. Aunque ya has odio gran parte de mis planes de mañana.

- Lo siento – dijo Jennifer – Pero eso te pasa por ser tan entupido de…

- ¿Besarte? – dijo Erich acercándose a ella, pero esta vez Jennifer si sabía lo que pretendía.

- Conducir sin carnet – dijo empujándole a un lado, aunque Erich no se movió ni un ápice - Apártate.

- ¿Y si no quiero? – dijo acercándose más a ella, rodeándola la cintura con sus brazos.

- Llamare a Henry y a Fred – dijo Jennifer haciéndole reír - Seguro que están encantados de llevarte de nuevo a comisaría, sea quien sea tu padre.

- Me imitas fatal.

- Perdona, ¿no ha sonado lo suficientemente engreído?

Erich la besó de nuevo antes de que ella pudiese decir nada más y a Jennifer se le llenó el estómago de mariposas, a diferencia de la otra vez, ya no estaba nerviosa y le devolvió el beso. Cuando el se retiró, dispuesto a irse, Jennifer le atrajo de nuevo hacia sí y le besó de nuevo.

- Buena noches – dijo sonriente separándose por fin de ella y desapareciendo por la puerta de la cocina.

No entiendo nada pero en fin… Así es el amor, ¿he dicho amor? ¿Acaso me he enamorado de Erich? No, no. Es el hecho de estar escribiendo esto dentro de una bañera. Estoy aquí porque no hay otro sitio en el que pueda escribir. En la habitación no porque despierto a las chicas, en la calle no porque hace frío, en el pasillo no porque alguien me puede ver y en la planta baja tampoco porque me arriesgo a tener que esconderme debajo de una escalera. Me estoy clavando los grifos en la espalda, ¡que dolor! Me voy a dormir, ale, hasta mañana.

Jennifer, 18 de Septiembre de 2007.