He tenido que cerrar la puerta de la habitación y encerrarme en el baño para poder estar tranquila.
Estoy en mi habitación por cierto, un buen lugar en el que estar el día del baile, ya es de madrugada… a ver si acaba ya esta pesadilla.
A lo que iba, que me escondí tras un arbusto y agucé el oído todo lo que pude.
- ¿Sabes qué? – dijo Erich – Olvídalo, estoy harto ya de esta mierda de apuesta.
- Vaya, vaya, Erich Moore rindiéndose.
- Eso ni lo sueñes. Solo que voy a jugar limpio. Le voy a contar a Jennifer la verdad.
- No puedes hacer eso – dijo Derek.
- Claro que puedo.
- He tenido que mentir a mucha gente que me importa para ocultarlo y no te voy a dejar echarlo todo a perder porque a ti te haya dado un ataque de honestidad.
- ¿Prefieres seguir mintiéndola?
- He mentido a todo el mundo.
- Eso no contesta a mi pregunta.
- Cállate – le espetó Derek.
- Te lo dije y te lo repito. Tú no me das órdenes.
Entonces empezaron con los empujones y antes de que llegaran a más, salí de mi escondite y les separé a los dos, poniéndome yo en medio, resultó fácil, ya que se habían sobresaltado al ver salir a una loca desde detrás de un arbusto.
Yo tenía un cabreo difícil de no ver, me quede donde estaba, entre Erich y Derek, con los brazos cruzados sobre el pecho.
- ¿Y bien? – preguntó Jennifer con irritación.
- ¿Cuánto has oído? – preguntó Derek.
- Lo suficiente – dijo Jennifer seriamente, mirándole a los ojos - ¿Qué es eso de una apuesta?
Los dos chicos se miraron un instante, pero no dijeron ni una palabra.
- Os he hecho una pregunta.
- Era por ti.
- ¡Erich! – dijo Derek.
- ¿Qué? Lo ha oído, Derek. No tiene sentido ocultárselo.
- Oh, claro. Y tu alma caritativa va a aprovechar la oportunidad de contarlo todo – dijo Derek.
- No voy a mentir por ti.
- No se por qué, pero esperaba que lo hicieras.
- No te debo nada.
- ¿Hola? Sigo aquí, sabéis – dijo Jennifer, notando como aumentaba su frustración - ¿Soy yo la apuesta?
- Si – dijo Derek al fin.
- Dios mío – dijo Jennifer sin poder dar crédito - ¿Y yo qué era? ¿El premio o algo así?
- Claro que no – dijo Erich-A los dos nos gustabas y… competimos por ti.
- Claro, como no podía ser de otra manera – dijo Jennifer alzando la voz – Competís por todo, como iba a ser esto distinto…
- Jennifer, las cosas no han sido así – dijo Erich.
- No me importa. No quiero oírlo.
- No queríamos hacerte daño – dijo Derek.
- ¡Pues ya es tarde! – dijo Jennifer, llorando de rabia y humillación - ¡Me habéis utilizado como si fuese un juguete! Lo vuestro llega demasiado lejos, no podéis jugar así con una persona.
- No ha sido un juego – intentó justificarse Derek.
- Además tienes que saber otra cosa – dijo Erich. Miró rápidamente a Derek, que claramente se oponía a que contase nada más – Somos hermanastros.
- Por supuesto – dijo Jennifer con una risa nerviosa, secándose las lágrimas que no paraban de brotar de sus ojos.
- Es cierto – dijo Derek – Y es una larga historia. Yo no me inventaría una cosa así, créeme.
- ¿Qué te crea? – dijo Jennifer, dolida.
- Siento mucho todo esto… ¡Jennifer! – dijo Derek.
Pero Jennifer ya se estaba alejando a paso decidido, Erich fue el primero en reaccionar y fue tras ella, la adelantó y se puso frente a ella para cortarle el paso y la agarró por los hombros.
- Jennifer, para. Me tienes que escuchar – dijo Erich.
Antes de que le dijese nada más, Jennifer le dio un sonoro bofetón y siguió con su camino hasta que la agarraron por el brazo, esta vez era Derek, se soltó de un tirón, mirándole desafiante, y continuó andando.
Me metí corriendo en el internado y me encerré en mi habitación, donde sigo. De eso hace ya tres horas, creo.
Estaba que me subía por las paredes, humillada, utilizada y muy, muy cabreada. Me quité el maldito vestido que me había regalado Derek y lo arrojé al otro lado de la habitación, también me quité mi prendido de un tirón y lo arrojé junto con los zapatos, que sufrieron un peor destino, los tiré con tanta fuerza que se le rompió el tacón a uno de ellos.
No se si estuve llorado cerca de una hora sobre la almohada, que ha quedado mojada y llena de maquillaje. Y desde entonces te he estado relatando mi patética vida.
No te puedes imaginar lo horrible que es que te utilicen de esa manera dos personas es las que confías… y a las que quieres.
Si. Memorable es la palabra que describe perfectamente a este baile de mierda, antepenúltimo día en el internado Norwood, aunque a las horas que son ya… más vale decir penúltimo día.
No me gusta que me engañen ni que me mientan, creo que ya quedó bastante claro con el numerito que armé cuando me enteré de que venía a estudiar aquí. A veces incluso pienso que sería mejor no haber venido nunca, que todo hubiese seguido siendo como antes, sin complicaciones.
Supongo que es uno de los inconvenientes de hacerse mayor, a parte de poder hacerte tatuajes, tienes que lidiar con muchas otras cosas.
Hablemos del baile que ha tenido lugar hoy, ayer o esta noche.
Lo típico de los bailes es hacerlos en el gimnasio pero ya sabes, aquí nada es normal y están orgullosos de ello. Se hizo en el comedor, el único lugar lo suficientemente grande para que cupiésemos todos, más los profesores, más la comida, bebida, etc.
No se decoró con ningún motivo en especial, solo que todo era azul; la iluminación, los manteles de las mesas, los globos, las cintas que colgaban del techo… hasta los vasos y los cubiertos.
Al menos mi vestido y yo íbamos a juego, me podía camuflar con la pared…
Todo aquí era alegría y felicidad. Corríamos de un lado para otro las horas anteriores al baile, entrando y saliendo de nuestras habitaciones y de las de las amigas y vecinas para prestarnos cosas, que nos abrochasen los vestidos, que nos echasen un poco de laca en el pelo… preparándonos.
La fiesta empezaba a las nueve y nadie quería llegar tarde ni hacer esperar a sus parejas, algo poco probable, ya que todos vivimos bajo el mismo techo y ni siquiera teníamos que salir de aquí para ir al baile, pero no imposible.
Travis había podido escaquearse de su baile para venir al nuestro y estar con Ella y claro, estaba eufórica, más de lo normal en ella.
No la he vuelto a ver en toda la noche desde que salimos de la habitación.
Jackie se buscó como pareja a Fabio Grossi, si, en efecto, ese en el que estas pensando, el hermano de Gina. Y Parker fue en compañía de Brittany Hyde, una chica de clase.
Sabiendo lo que había pasado entre él y Valerie, no podías evitar fijarte en pequeños detalles que antes uno no veía.
En una de estas mientras estábamos bailando, me fijé en Valerie, que no le quitaba el ojo de encima a Parker, éste a veces le sostenía la mirada y ella acababa por apartarla.
El lío se armó cuando, mientras bailaban con sus respectivas parejas, ambos se estaban mirando y Jackson se dio cuenta. No dudó un segundo en ir a plantarle cara a Parker y ya sabes como acaban estas cosas, además Parker parecía tenerle ganas y le doy la razón.
Corrió la sangre en mitad de la pista de baile, fue como un déjà vu… Derek-Erich… Parker-Jackson… Deberían apuntarse al club de lucha.
No he sabido nada de ellos en toda la noche tampoco.
Te preguntarás donde he estado toda la maldita noche si no se nada de nadie.
En primer lugar decidí no ir ni con Erich ni con Derek. Sé lo pesada que resulto, pero si me gustan los dos, tal vez debamos ser solo amigos. Claro que eso era lo que pensaba antes, ahora todo es muy distinto.
Poco pintaba yo en un baile, sin pareja, con mis amigos desperdigados y sin saber bailar muy allá.
A media noche o así decidí marcharme y dejar atrás el ensordecedor ruido de la música para ir a dar un paseo por el jardín. Ojala no lo hubiese hecho, ¿o si? ¿Qué es mejor? ¿Vivir feliz con tu mentira o deprimirte al saber que has sido engañada?
No soy lo que se dice una persona cotilla, me gusta enterarme de las cosas, como a todo el mundo, y más cuando esas cosas son sobre mí.
Estaba paseando, cuando encontré a Erich y Derek hablándose a gritos (para variar…), oí mi nombre y me escondí instintivamente detrás de un arbusto, lo suficientemente cerca para poder oír qué hacían allí esos do y por qué estaban hablando de mí.
Buenas!! Mientras sigo con mi dilema mental subo otro capi ^O^
Querido diario:
¡El verano ya esta aquí! Bueno, casi, pero como ya sabes, las cosas aquí son raras y total, que estamos a principios de Junio y aquí ya no se hace nada de nada.
Claro que a pesar de todo esto, no nos hemos librado de los exámenes finales ni por asomo. No hemos sacado la nariz de los libros en prácticamente todo el mes pasado.
La biblioteca estaba repleta a todas horas, incluso había algunas personas tiradas por los pasillos con sus apuntes desperdigados por el suelo, las habitaciones estaban hechas un caos con papeles, apuntes y cuadernos por todos los lugares que te puedas imaginar.
Los exámenes anteriores habían sido importantes, si, pero nada en comparación con estos, los tienes que aprobar si o si o… si, no hay más opción.Por eso ahora soy una adicta al café, estará asqueroso, pero me ha ayudado a mantenerme despierta durante estas semanas, un buen invento la cafeína, pero ahora me tendré que volver adicta a las tilas para que se me calme un poco el nerviosismo.
El día siete acabamos oficialmente todos los exámenes y con ellos las clases, y andamos vagando de un lado a otro con cafeína en nuestras venas por todo el internado hasta que el viernes once colgaron las notas y pudimos dormir en paz… algunos.
Ese día, estuvimos haciendo una sentada desde las nueve de la mañana hasta que la señora Blaylock se acercó hasta la pared del tablón de anuncios con un taco de hojas y una caja de chinchetas. No hizo falta que nos fulminase con la mirada para saber que más nos valía dejarla paso o morir.
Ninguno de los que estábamos allí dijimos una palabra mientras la directora colgaba las hojas de las notas, de nuestro futuro más concretamente, con esa parsimonia. Todos estábamos visiblemente muy nerviosos, y como la muy bruja parecía disfrutar con ello, se tomó su tiempo.
Entretanto yo aproveche el tiempo para cruzar los dedos y rezar todo lo que sabía. Confiaba en haber aprobado todo, pero siempre me quedaba esa gran duda… Había seguido con las clases de Sheryl y mejoré mi media, pero el examen final fue bastante más difícil se lo que yo me esperaba.
La señora Blaylock se alejó por el pasillo haciendo ruido con sus tacones, aun audibles por el silencio que reinaba, cuando nosotros reaccionamos y nos abalanzábamos sobre la pared del tablón.
Cuando al fin conseguí hacerme paso a codazos, cosa que no resultó nada fácil, busqué mi nombre en la lista de mi clase hasta que lo encontré: MESSER, JENNIFER.
Seguí la línea con el dedo… matemáticas, equitación, historia… de momento todo aprobado… llegué a español… ¡También aprobado! De algo había tenido que servir tanta cafeína y tantas noches en vela, por no añadir el dinero que se ha llevado Sheryl gracias a mí.
Imagínate el resto. Me puse a dar saltos de alegría como una loca y a abrazar a todo el que pasaba por mi lado, conocido claro, estoy mal de la cabeza pero no tanto.
Mis amigos también aprobaron todo y cuando llamé a casa para contar la gran noticia, y para que fuesen preparando mi regalo, mi madre me dijo que Wendy y Johanna también habían aprobado, así que sería un verano estupendo.
Pero a pesar de haber acabado tan pronto, aún no nos podemos ir, no está todo hecho.
Aún falta el famoso y memorable baile de fin de curso de todos los años.
Desde ese día en adelante, por aquí se empezó a preparar todo y el domingo nos llevaron al pueblo a que hiciéramos nuestras compras. Suerte que yo ya tenía el vestido azul que me regaló Derek aquella primera vez que salimos del internado, porque las pocas tiendas que había de vestidos estaban a reventar. Aunque igualmente tuve que tragarme unas cuantas colas en la caja y los probadores porque las chicas si necesitaban comprar vestidos y yo algunas cosillas más como unos zapatos a juego, un prendido bonito… no te quiero aburrir con los detalles, solo has de saber que me gasté buena parte del dinero que me habían mandado por mi cumpleaños.
Pero merecerá la pena, porque ese día será memorable.
Aquí al habla una chica de diecisiete años ¡si! Se supone que cada año maduras más y los diecisiete… bueno, al año que viene son dieciocho y entonces si se te considera un adulto. Por lo que ahora yo ya soy medio adulta o algo así, aunque si mis padres se enterasen de lo que hecho, y ten por seguro que lo harán, me matarán. El mío será un bonito cadáver, joven, de diecisiete años.
Hay secretos que los padres no deben saber.
El 22 de mayo ha sido mi cumpleaños y, casualmente, también el de Derek. ¿Debería interpretar eso como una señal? Últimamente hay demasiadas.
En fin, que yo cumplí mis diecisiete años que me convertían en medio adulta, pero Derek resultó que se convirtió en adulto, cumpliendo dieciocho.
Me quedé de piedra cuando me lo dijo, ya me quedé en estado de shock cuando me contó que nuestros cumpleaños eran el mismo día, y cuando me dijo que era un año mayor porque repitió un curso… imagínate, y yo sin enterarme…
Como el 22 caía en sábado, tuvimos prácticamente todo el día pegados al culo a Jackie, no nos dejaba subir a nuestra habitación, estaban montando una superfiesta y no es que fueran especialmente discretos.
Por la mañana recibí dos paquetes.
El primero era de Wendy y Johanna, era una caja bastante abultada y estaba llena de cosas.
Lo primero que saqué fue la púa de una guitarra y unas cuantas partituras con canciones que me encantaban. Pensé que me iban a regalar una guitarra por fascículos o algo así, siempre había querido tener una guitarra eléctrica, pero junto a esto había una nota:
“No Jennifer, no te vamos a regalar una guitarra, lo sentimos mucho, pero sigue soñando. Esto es para que te acuerdes de seguir insistiendo a tus padres para que te compren una. ¡Suerte!”
Que graciosas, me encanta el sentido de humor de mis amigas.
Dentro de la caja también había una colonia, un abrigo largo y un collar. Había dicho que quería todo aquello en Navidades cuando pasábamos por los escaparates, ¡Y me lo habían comprado entonces! Son un cielo.
A continuación abrí el de mis padres. Había algo de dinero (lo cual no me viene pero que nada mal), algunos discos que quería desde hace tiempo y ¡un móvil nuevo! Derek me había arreglado el móvil, pero no había vuelto a ser el de antes. Procuraré controlar mejor mis nervios cuando tenga el móvil cerca.
Desde luego que no me podía quejar. Pero Derek mucho menos.
Su regalo era impresionante, ¡una moto!
Me quedé pasmada nada más verla, al igual que él y que nuestra guardaespaldas, Jackie.
Su (medio) tío había venido a llevarla por la mañana y ahí la tenía ahora, toda suya.
Suerte que tiene carnet, a diferencia de Erich... Hablando de Erich, también me hizo un regalo, unos pendientes, preciosos también.
Nos montaron un fiestón, bueno, dentro de lo posible en una habitación de internado.
Globos, serpentinas, comida (robada), bebidas (robadas) y vino (robado/comprado honradamente), algunos debían de tener la mitad de una bodega debajo de sus camas.
Nos lo pasamos genial y la habitación y sus alrededores estaban a reventar. Es divertido tratar de hacer una fiesta en silencio… y muy difícil, créeme, hubo un par de veces que casi nos pillaron. Cuando ya había unos cuantos borrachos en nuestra habitación, nos fuimos fuera y nos dieron nuestros regalos, a parte de la fiesta, a Derek y a mi. A mi me habían comprado una pulsera que me hacía juego con los pendientes de Erich ¿Casualidad? Seguro que si, no les veo yo juntándose a debatir sobre comprarme una pulsera con unos pendientes a juego. A Derek le regalaron algo de ropa, ya sabes, la típica chaqueta de cuero y esas cosas para lucir en su flamante moto nueva.
Volvimos dentro y cuando el número de bolingas se triplicó, Derek y yo salimos a los jardines a dar una vuelta.
- ¿Qué se siente al tener casi dieciocho? – preguntó Derek.
- ¿Ya lo has olvidado tan pronto?
- No, es que me gusta picarte.
- Eso lo explica todo – dijo Jennifer - ¿Y qué se siente al tenerlos?
- Oh, pues nada en especial. Solo que puedes hacer lo que te de la gana y cuando te de la gana en tu moto nueva.
- Que idiota eres – rió Jennifer.
- Es parte de mi encanto.
- ¿Y qué vas a hacer ahora que puedes hacer lo que quieras y cuando quieras?
- No lo sé. Alguna tontería estaría bien.
- ¿Cómo cual?
- Tal vez… - dijo pensativo – Un tatuaje.
- ¿Un tatuaje?
- Si, por qué no.
- Tal vez porque no te lo puedes quitar si no te gusta, porque lo tendrás contigo para toda la vida…
- Si, esa es la diferencia más notable ente tatuaje y calcomanía.
- Ignorando tu comentario, me gustan los tatuajes – dijo Jennifer – Me haré uno algún día.
- ¿Algún día? ¿Por qué no hoy?
- Estás de broma…
- No lo estoy, ¿nunca has querido hacer una tontería así?
- Si, pero un tatuaje no se va frotando con la esponja al día siguiente. Y mis padres, ¿qué les digo a mis padres si se enteran?
- Que Derek te obligó a hacértelo.
- ¡Derek! No estoy de broma, te estoy hablando muy en serio.
- ¿Crees que estaba hablando en broma? Te obligaré si es necesario. ¿Vamos?
- Si me sigues insistiendo al final acabaré yendo.
- ¡Pues vamos! – dijo Derek cogiéndola de la mano y echando a correr.
- ¿Pero a dónde? – preguntó Jennifer mientras corría junto a él.
- Al pueblo. Se de un sitio donde hacen tatuajes.
- Oh, o sea que tenías esto planeado desde el principio.
- Solo desde hace cinco minutos, si no, no sería una tontería.
Llegaron a la parte del parking donde estaba la moto roja de Derek y se detuvieron, Derek se puso su caso y le tendió a ella el otro.
- Lo increíble es que lo dices en serio.
- Pues claro – dijo Derek - ¿Vamos?
- ¡Vamos! – dijo Jennifer cogiendo el casco y montando en la moto – Pero date prisa o me echaré atrás.
- Estaremos allí en un momento – dijo Derek dando gas a la moto y poniéndose en marcha.
Está genial eso de hacer lo que quieras… cuando quieras… revelarse contra la autoridad… hacer algo que sabes que está prohibido… Claro que un cosa es decirlo y otra muy distinta hacerlo.
Llegamos a la tienda sobre las tres de la mañana, era uno de los pocos establecimientos que estaban abiertos a aquellas horas a excepción de las terrazas y los restaurantes.
La tienda por fuera no parecía gran cosa, como todas las tiendas de tatuajes, pequeñas y oscuras, por dentro el sitio parecía limpio. Había diseños de tatuajes colgados por las paredes de la recepción y al lado del mostrador una puerta que daba a la sala donde se hacían los tatuajes.
Nos acercamos al mostrador, donde había un hombre de unos treinta y pocos años, tatuado (literalmente) de pies a cabeza.
- Hola chicos, ¿en qué os puedo ayudar?
- Queríamos hacernos unos tatuajes – dijo Derek.
- De acuerdo. ¿Y tu monada? – dijo refiriéndose a Jennifer – ¿Un piercing tal vez?
- Ella lo mismo que yo – dijo Derek.
- De acuerdo. Esperadme que voy a por unos papeles – dijo desapareciendo por la puerta de al lado del mostrador.
- ¿Cómo que monada? – dijo Jennifer molesta – Y tú estas pidiendo unos tatuajes como si estuvieses en un bar pidiendo dos coca colas.
- ¿Te echas atrás?
- ¡Claro que no!
- ¿Entonces qué te pica?
- Me irrita ese hombre, monada…
Derek puso los ojos en blanco y se giró hacia el mostrador donde apareció el hombre con un par de papeles.
- Necesito que me firméis aquí, aquí y aquí – dijo señalando en el papel – Es un royo burocrático, solo para saber si lo autorizáis y esas cosas. Y… tú eres menor de edad, ¿no es así monada? – dijo mirando de nuevo a Jennifer.
- Si, lo es – dijo Derek adelantándose a Jennifer; ésta había echo ademán de decirle algo pero se contuvo al notar que Derek le dio un apretón en la mano - ¿Es un problema?
- No – dijo el hombre sin dudarlo un momento.
Vamos, que me sugirieron así, como el que no quiere la cosa, que falsificase la firma de mis padres en la autorización porque era menor. Y eso hice, aunque odiase a ese hombre con el que no había pasado ni diez minutos, no había llegado hasta allí para echarme atrás.
No he hecho una tontería más grande en toda mi vida, y eso que he hecho muchas.
Derek y yo decidimos tatuarnos tres pequeñas notas musicales, él en la muñeca y yo detrás de la oreja, así al menos no se verían tanto…
Dolió, y mucho, pero mereció la pena. Voy a omitir la parte en el que mi amigo el tatuador se pasó el rato contándome su vida y llamándome “monada” cada dos por tres.
Volvimos justo cuando acabó la fiesta. La habitación ya se estaba despejando y yo me tiré en la cama sin pensármelo dos veces, sin recoger nada, ni cruzar palabra con nadie. Ella y Jackie estaban agotadas e hicieron lo mismo, sin siquiera preguntar por la gasa que tenía en el lugar donde me había echo el tatuaje.
- Buenas noches chicas – dijo Jennifer con la cara hundida en la almohada.
- Buenas noches – dijeron apagando la luz.
- Y gracias por la fiesta.
- De nada – dijo Ella – Ya nos explicarás mañana qué has estado haciendo durante estas tres horas con Derek y qué es lo que tienes ahí pegado al cuello. Buenas noches.
Hoy me he despertado viendo las estrellas. Los tatuajes duelen.
Perdon, perdon, perdonnnn por tardar tanto, es que con el instituto ya tengo tiempo para poco ¬¬ Os dejo el capi:
Querido diario:
¡Dos meses! ¡Dos meses de exámenes! ¿¡Existe alguna tortura mayor que dos meses repletos de exámenes!?
Puede que este internado tenga sus cosas buenas, como esas largas vacaciones de Navidad, pero compensarlo con ¡dos meses de exámenes! Es una tortura. Siento repetirlo tanto pero es que me ha caldo muy hondo…
Debería de estar prohibido. Me siento indignada, además he superado mi record, dos meses sin escribir ni una miserable página. Si hubiesen encontrado mi cadáver en estos dos meses, mi diario no habría sido una buena prueba, ya que esta en blanco.
Creo que nos dan tregua hasta dentro de un tiempo pero… eso no nos libra de la esperadísima visita de los padres.
Si. Ese bonito acontecimiento en el que todos los padres de todos los alumnos y alumnas del internado se apretujan en un mismo sitio para avergonzarnos mutuamente.
Aún recuerdo cuando estaba en segundo curso, en Nueva York, a mi madre intercambiando anécdotas con otros padres. Le contó a la madre de Scott Pevensie que de pequeña no podía abrir el cubo de la basura porque tenía miedo de que saliese Oscar el gruñón, veía mucho Barrio Sésamo ¿qué pasa? Tenía solo cuatro años…
Claro que me chantajeaba mutuamente con Scott porque en una de estas reuniones, su madre le contó a la mía que él había dormido con su osito de peluche Winifred hasta los once años.
¿Entiendes ahora por qué me encantan las reuniones de padres?
El sábado anterior se celebró aquí una de esas reuniones, aunque viendo la decoración, los aperitivos y la bebida que había, parecía aquello una boda, eso o que a los padres de mis queridos compañeros pijos les gusta mucho el vino.
Me alegró que mis padres llegaran sin Mary colgada del brazo de mi madre, la habían dejado en casa de Johanna, pobre mujer… aguantando a dos monstruos como Carl y Mary. La llamé al día siguiente y bueno, bastó con que me dijese que tenía el pelo azul para saber lo que había pasado, tinte en el champú, una broma muy vieja y muy usada por nuestros hermanitos.
Para mi sorpresa, mis padres no me avergonzaron con ninguna anécdota embarazosa porque todos los adultos allí reunidos no hacían más que quejarse de lo duro que era criar a un adolescente y de lo inaguantables que nos poníamos a veces. Típico.
En una de estas apasionantes charlas que estaban teniendo lugar, Erich me llevó a parte y me presentó a su madre, saludé a su padre que también estaba allí, aunque no hacía falta volver a presentarnos, nos conocimos el día después de que Erich fuese detenido. Su madre, Alison, era muy simpática y agradable, aunque parecía que me estaba psicoanalizando, no la culpo, hice que arrestasen a su hijo y que se pelease con Derek. No debía de caerla muy bien.
Cuando conseguí volver al lado de mis padres, Derek me llevó a conocer a su tía, Amanda, también muy agradable, y a su tío Jeremy, o medio tío, se van a casar el año que viene.
Al fin conseguí irme de allí también y me encontré con que mi madre, la de Ella y la de Jackie, estaban cotorreando sobre nosotras. Que sorpresa.
Luego la señora Blaylock dio un discurso en el que todos teníamos que estar presentes y atendiendo, aunque solo era para nuestros padres.
Y me pregunto yo, ¿esas cosas no se hacen a principio de curso?
Pero claro, como aquí todo se hace al revés… pues nada, a aguantarse.
- ¿Dónde vas Alison? – preguntó Jonathan a su mujer, en mitad del discurso de la directora.
- Será solo un segundo – dijo esta marchándose hacia la salida donde había visto a su hijo - ¡Derek!
- No te cansas ¿eh? – dijo al verla tras el.
- Me gustaría que hablásemos.
- Y a mi me gustaría no tenerte detrás todo el día, pero que le vamos a hacer.
- ¿Piensas seguir evitándome el resto de tu vida?
- No, durante el resto de mi vida no. Durante el resto de tu vida –aclaró Derek.
- Esto no puede seguir así.
- Pues déjalo estar.
- No pienso hacer tal cosa.
- Asume las consecuencias de tus actos y déjame en paz. Me abandonaste y yo no quiero saber nada de ti, punto. No hay nada más que hablar.
- Que sepas que seguiré intentándolo – dijo Alison con toda seguridad.
- Hasta que te compres un nuevo par de zapatos – dijo Derek – Entonces te olvidarás de tu pobre niño abandonado hasta que te acuerdes cuando me vuelvas a ver.
- No tienes ni idea de como soy, Derek.
- No me diste oportunidad de saberlo – dijo Derek encarándose a su madre.
- Estoy intentando enmendarlo.
- Ya es tarde – dijo dando por zanjada la conversación – Aunque… me gustaría saber una cosa.
- ¿El qué es? – preguntó Alison esperanzada.
- ¿Cómo puedes vivir con ello?
- ¿A qué te refieres?
- Me refiero a como pudiste vivir sabiendo que abandonaste a un niño de apenas un mes, cuando su padre acababa de morir, llevándote todo el dinero y dejando a tu cuñada a su cargo tras haber perdido un hermano… ¿Cómo se vive con eso?
Derek se marchó de allí sin esperar una contestación y Alison hizo lo propio, se dio la vuelta para marcharse. No sabía si aquello había significado un progreso, había conseguido hablar con él, sí, pero no sobre nada bueno, por otro lado, era más que lo que había logrado hablar con él antes.
- ¿No te cansas de intentarlo Alison? – preguntó Amanda a sus espaldas.
- ¿Y tu de darme la paliza? Vive tu vida y déjame en paz.
- Vaya, exactamente lo que te ha dicho Derek a ti. Él es parte de mi vida, y si no le dejas en paz, me impides vivirla.
- Preocúpate por tus asuntos.
- Y tú por los tuyos – dijo Amanda, cortante.
- ¿Acaso estás insinuando que mi hijo no es asunto mío?
- No, claro que no. Tu hijo Erich es asunto tuyo. Pero Derek es asunto mío y de nadie más.
- Eso ya lo veremos – dijo Alison.
- Si, lo veremos… Pero recuerda que el juez no te dio su custodia entonces, y no te la dará ahora, por mucho dinero que tengas.
Una noche aburrida, si al menos hubiese habido algún borracho como en las bodas… pero ni eso. Todos los padres estaban demasiado ocupados en aparentar buenas formas como para no beber más de una copa, no fuese a ser que alguien les tomase por borrachos. Lo que no sabían era que si no se lo bebían ellos… nos lo beberíamos nosotros. Había un grupo como de unos treinta chicos, cogiendo botellas de vino a diestro y siniestro sin que nadie se diese cuenta, ya tenían negocio para lo que quedaba de curso, reventa de vino.
El comentario de Mary en Nochebuena me había librado durante bastante tiempo de una charla con mi madre y una reprimenda por parte de mi padre. La reprimenda no llegó, pero la charla si.
- Cuéntame – dijo Caroline llevándose a Jennifer a dar un paseo por fuera del internado. Estaban en Mayo, pero aún hacía algo de fresco por las noches, y más allí, rodeados por un bosque.
- ¿Qué te cuente el que? – preguntó Jennifer como si tal cosa.
- Bueno, esta noche has desaparecido dos veces de la mano de dos chicos que reclamaban tu presencia. Y lo que dijo tu hermana en la cena de Nochebuena…
- Mamá, es… complicado.
- Creo que voy a poder seguirte.
- También es largo.
- Aún hay tiempo.
- Mamá, tú… no lo entenderías ¿vale? – dijo Jennifer, frustrada.
- ¿El que no entendería? Yo también he sido joven.
- Pero eso en tus tiempos, las cosas han cambiado y seguro que no tenías a dos chicos detrás – dijo Jennifer como si aquello fuese imposible.
- No, a dos no. Pero si a tres.
- ¿Tres? – preguntó Jennifer, atónita – Venga ya mamá.
- ¡Es cierto! – dijo Caroline, ofendida – Tu padre y dos chicos más.
- Y… ¿Qué hiciste?
- Creo que es obvio, si no tú no estarías aquí y no estaríamos teniendo esta conversación.
- Me refiero a cómo elegiste, cómo supiste cuál era el adecuado.
- Jennifer, tienes que hacer lo que te diga tu corazón.
- ¿De qué revista sobre madres y adolescentes has sacado eso?
- De ninguna – dijo Caroline, ofendida de nuevo.
- ¿Cómo supiste que hacías bien al elegir a papá?
- No lo sabía.
- Pero, entonces… ¿Cómo…?
- A veces hay que arriesgarse, ¿no crees?
- Ya… - dijo Jennifer con la mirada perdida – Nunca hiciste… no se… ¿una lista con los pros y los contras, por ejemplo?
- No – dijo Caroline, extrañada – Que estupidez.
- Si que lo es – coincidió Jennifer.
- ¿Me contarás con cuál de los dos te arriesgarás?
- Cuando lo sepa, si es que lo se algún día…
- El rubito es muy mono.
- ¡Mamá!
- El moreno tampoco está nada mal.
- Dios mío no me puedo creer que estemos teniendo esta conversación.
- Es más extraño de lo que sale por la tele.
- Cierto.
- Lo bueno es que ya sabes lo que tienes que hacer.