Buenas!! Se que ha pasado una eternidad desde la ultima vez que publique, pero ya os dejo el último capitulo de esta priemra parte de Diario de Jennifer, habrá una segunda, paciencia, antes estoy a ver que tal me sale una nueva historia que tengo en mente y que ya he emepzado a escribir, si Lena me sa su aprobación la subiré xD, y ya me callo y os dejo el final de DDJ:
Querido diario:
Cuando por fin encontré el mío, pues lo típico, saludé a mis padres y a Mary, que esta vez si que venía para hacer del viaje una pesadilla peor que la anterior.
Mientras mi padre estaba metiendo todo mi equipaje en el maletero, yo no hacía más que andar de un lado a otro cerca del coche. No me decidía a subir en el todavía, pero tampoco a ir a dar una última vuelta.
Estaba echando una última mirada al internado cuando vi aparecer a Derek y a Erich, los dos juntos. Se plantaron delante de mí.
¿Qué se suponía que tenía que hacer yo entonces?
Entonces ambos se acercaron y me dieron un abrazo. Yo me eché a llorar, aunque no quería que me viera nadie, y mucho menos ellos dos, pero no pude evitarlo.
Erich me besó y después Derek hizo lo mismo.
Me sequé las lágrimas y entré en el coche sin más.
La última imagen que tuve de ese curso, de ese año en el internado Norwood, fue la de Erich y Derek, volviéndose cada vez más pequeños mientras yo me alejaba en coche.
Mi padre me preguntaba qué me pasaba una y otra vez, en parte porque había visto la escena, y en parte porque yo no paraba de llorar y llorar. No sé que me pasó, pero es que no podía parar.
Mary se creía que me estaba muriendo o algo así, porque me abrazó.
Entonces mi madre le dijo a mi padre que parara el coche, y él lo hizo en cuanto pudo. Mi madre se bajó para venirse a la parte trasera, sentándose entre Mary y yo.
Me pasó el brazo por los hombros y me abrazó fuertemente porque parecía ser la única que entendía lo que me pasaba, y se lo agradecí.
Ahora estoy en Grecia, a cuenta de mis padres, por supuesto. Planearon las vacaciones en secreto para darme una sorpresa. Grecia es uno de los lugares a los que siempre había querido ir, pero me hubiese dado igual a donde me llevasen con tal de salir de Charleston. Fueron unas cuantas horas de avión, que se agravaron más porque seguía sin poder dormir.
Al desembarcar nos fuimos derechos al hotel y allí fue donde me dieron mi regalo, una guitarra eléctrica, todo lo bueno, como el viaje o la guitarra, me ha pasado en los malos momentos cuando no puedo disfrutar todo esto tanto como me gustaría.
También tuvimos una conversación madre-hija al poco de llegar. Le expliqué todo lo que me había pasado a mi madre, lo del tatuaje no, porque lo vio ella solita, no te creas que no me echó la bronca, pero no se pasó tanto debido a mi estado de ánimo; mi padre, como siempre, andaba en su mundo y no se había dado cuenta aún, yo esperaba que no lo hiciese porque entonces si que tendríamos problemas. Mi madre me aconsejó que no me preocupase y que dejase todos los problemas y las dudas aparcados para poder disfrutar de las vacaciones, creo que es lo que voy a hacer.
Estamos en las islas griegas, pasaremos un mes aquí, la mitad en Mykonos y la otra mitad en Santorini. Después volveremos a casa y pasaremos el resto del verano en Nueva York.
Estamos alojados en un hotel precioso al lado de la costa, tengo una habitación para mi sola y desde mi balcón se ve el mar, hasta puedo tocar el agua, aquí es desde donde estoy escribiendo ahora.
Este sitio transmite paz, a lo mejor por eso estoy tan calmada.
No se qué voy a hacer a partir de ahora ni que va a ser de mí el curso que viene en el internado.
Ésta es la última página del diario, me has durado casi un año entero, me alegro de haberte empezado. Te sientes mucho mejor cuando escribes lo que sientes y te desahogas.
Se me acaba el espacio… He decidido que empezaré un nuevo diario el curso que viene, aún tengo mucho que contar.
Buenas chic@s! La historia se acaba... penultimo capitulo:
Querido diario:
Llevo días sin pegar ojo. Al día siguiente del baile, hice las maletas sin ningunas ganas, no porque no quisiese irme de allí, tenía unas ganas horribles de marcharme. Por lo visto la noche había sido perfecta para todos menos para mí.
Les conté todo lo que me pasó a Ella y Jackie al día siguiente, omitiendo la parte de que Erich y Derek eran hermanastros, aunque no sé por qué lo hice, no les debía nada, a ninguno de los dos.
No salí demasiado de la habitación, pero en lo poco que lo hice me tenían acosada.
Derek y Erich me perseguían y Ella y Sheryl intentaban convencerme para que hablara con sus respectivos, pero yo no estaba de humor.
Jackie me decía que tuviese en cuanta que venía el verano y que sería mala idea dejar las cosas así.
Luego vino Parker a decirme que Derek estaba destrozado… y más tarde me abordó Jackson para que subiese a hablar con Erich.
- ¿Cómo va ese ojo? – preguntó Derek desde la silla de su escritorio.
- No va mal, creo… - dijo Parker quitándose la bolsa con hielo que tenía en el ojo para mirarse en el espejo – No, no va mal, va peor.
- Quizás te consuele saber que él está peor que tú. Le has destrozado la nariz.
- ¿Le has visto?
- Solo un momento. Y tú tendrás que salir algún día.
- Con esta cara no.
- Mañana nos vamos.
- Por eso no saldré, ¿qué le digo a mi padre cuando me vea así?
- Que un puma te atacó.
- Te estoy hablando en serio.
- Pues… dile la verdad.
- ¿A mi padre?
- Eres muy complicado – dijo Derek.
- Me tendrá encerrado hasta que se me cure esto para no armar un escándalo. Dañaría su importante carrera política – dijo con sorna, tirando la bolsa de hielo al suelo.
En ese momento entró Jackie en la habitación.
- Hola chicos.
- Se llama antes de entrar – dijo Parker.
- Tú cállate, y tú – dijo dirigiéndose a Derek – Ella quiere verte, ahora.
- ¿También tú estás enfadada conmigo? – dijo Derek.
- Si yo te parezco enfadada no quieras saber como está Ella.
- Por enésima vez, lo siento – dijo Derek.
- No es cuestión de sentirlo, Derek – dijo Jackie – No entiendo por qué no lo contaste.
- Ajá, así que según tu debería ir proclamando orgulloso que soy hermanastro de ese mal nacido llamado Erich Moore.
- Dicho así… ¡no me líes! Bueno, ¿me puedes dejar a solas con mi hermano por favor?
- Claro – dijo Derek saliendo de la habitación.
- ¿Qué quieres ahora? – dijo Parker con tono casino.
- ¿Cómo estás?
- Exactamente igual que hace veinte minutos, Jackie.
- Sabes que no me refiero a eso.
- Estoy bien –dijo mirando a su hermana a los ojos.
- Cuéntamelo – exigió Jackie – Igual puedo ayudarte.
- No veo como vas a poder ayudarme en algo así.
- Aún la quieres, ¿verdad?
- Claro que la quiero, ¿cómo no voy a quererla? Yo… es solo que…
- Tranquilo – dijo Jackie abrazando a su hermano – Es una idiota.
- Eso no lo hace más llevadero.
- Ella no le quiere, y tú lo sabes. Te quiere a ti.
- ¿Y cómo te explicas que esté entonces aquí, sin esa novia que tanto me quiere y con un ojo morado?
- Porque no supo elegir.
- Está bien, dejémoslo. Ya viene el verano y no quiero saber nada de todo esto.
- Lo mismo le dije a Jenn.
- Ella lo tiene peor que yo así que no me puedo quejar.
- Verdad. Cambiando de tema, ¿por qué no has bajado a comer?
- ¿Ha visto mi cara?
- Claro… Te puedo maquillar un poco mañana ese ojo – dijo Jackie examinando la cara de Parker – Así papá no te pondrá un saco en la cabeza para que no te vean los vecinos.
- Me espera una buena…
- No pienses en eso. Venga, te ayudo a hacer la maleta.
- ¿Me has hecho bajar para no decirme nada? – preguntó Derek.
- Estoy intentando canalizar mi ira – dijo Ella sentada, con las piernas cruzadas, desde su cama.
- Mientras la canalizas… - dijo poniéndose en pie.
- Siéntate – dijo Ella con tono autoritario.
- De acuerdo, de acuerdo…
- No lo entiendo. Soy tu mejor amiga, ¿por qué no me lo contaste?
- Ella, yo… no quería que nadie lo supiese.
- Pero Parker lo sabía, ¿por qué yo no?
- No lo sé ¿vale?, no lo sé… – dijo enterrando la cara entre sus manos.
- Tu madre entonces…
- Se casó con el padre de Erich.
- Entonces tu tía…
- Se quedó conmigo nada más nacer.
- Y tu madre…
- Tuvo a Erich el año después.
- Vaya… tiene que ser… horrible.
- Lo es.
- Lo siento.
- No – dijo Derek – Yo soy el que lo siente, no hago más que cagarla.
- No es verdad.
- Si lo es.
- Deberías hablar con Jennifer – dijo Ella.
- No veo como.
- Tal vez primero debas hablar con Erich, sois los dos un par de imbéciles.
- No te lo discuto.
- Jackie, ¿puedes dejar eso un momento? – dijo Derek quitándole una sudadera de Parker – Ya le ayudo yo con la maleta. Necesito un favor.
- ¿Has hablado ya con Ella? – preguntó Jackie.
- Si.
- De acuerdo, ¿qué es lo que quieres?
- Vaya, me esperaba que fueras otra persona – dijo Jackson al abrir la puerta y encontrarse con Jackie.
- ¿Quién? ¿Esa novia que no te quiere por ejemplo?
- ¿Has venido a defender a tu hermanito?
- No, creo que se las apaña muy bien solo, no hay más que ver tu cara, está más horrible de lo habitual en ti – dijo dándole un ligero golpe en la nariz.
- ¿Qué quieres entonces?
- Hablar con Erich.
- No está.
- Pues dile que Derek quiere verle.
- Ha venido la pequeña Prescott mientras no estabas – dijo Jackson.
- ¿A rematarte? – dijo Erich sonriendo.
- No, algo peor, creo. Dice que Derek quiere verte.
- Me han dicho que querías verme – dijo Erich, recostándose contra el poyete de azotea.
- Si. Hablemos antes de que me arrepienta de esto.
- Lo mismo digo.
- Bien, ¿qué hacemos? – dijo Derek, dándole una última calada a su cigarrillo y tirándolo al suelo.
- Y luego soy yo el que fuma… - dijo Erich poniendo los ojos en blanco.
- Olvida eso. Tampoco tuvo demasiada importancia.
- ¿El qué no tuvo importancia? ¿Qué le dijeses a mi madre que fumaba porros? Que a ti te de igual ella no quiere decir que a mi no me importe.
- Pues toda para ti. Te aseguro que no me veras en Navidad sentado como uno más en la mesa.
- Veremos…
- Será insistente – dijo Derek – Pero no me va a convencer.
- Eso la he dicho yo un millón de veces, que no mereces la pena como para gastar sus energías en ti. Pero parece que quiere más a su primogénito.
- Mejor que guarde su amor para ti y tu hermanita.
- No tienes ni idea. De nada – dijo Erich, afligido.
- ¿Qué quieres decir?
- Creo que está bastante claro.
- ¿Celoso? ¿Es eso? – dijo Derek riendo - ¿Estas celoso de que mami me haga más caso a mi que a ti?La historia se repite…
- Celos… - dijo Erich, pensativo – Llámalo así si quieres, a que tu madre no te haya echo nunca el más mínimo caso porque estaba demasiado ocupada tratando de encontrar a su otro hijo.
- Espera, ¿qué? – preguntó Derek, confuso.
- Tu creciste sin madre – dijo Erich – Digamos que yo también.
- Yo…
- No lo sientas – dijo Erich cortante, adelantándose a las palabras de Derek – Tú tienes a una madre detrás de ti, dispuesta a darlo todo por ti, y no la quieres. Yo quiero a una madre, que nunca me ha querido porque estaba demasiado arrepentida por haber abandonado a su otro hijo.
- ¿Por qué tratas de hacerme sentir culpable?
- No trato de hacerte sentir nada – dijo Erich – Pero no saques un tema del que no tienes ni idea, y trates de disculparte luego una vez la hayas cagado.
- Ahora resulta que tenemos aún más cosas en común de las que yo creía. ¿Por eso me odias?
- En parte.
- No es mi culpa.
- Ya lo sé.
- Pero necesitas culpar a alguien, y te es más fácil hacerlo conmigo que con ella.
Erich bajó la vista y no contestó.
- ¿No habíamos venido a hablar de Jennifer? – preguntó Erich al fin.
- Claro.
Me alegré cuando llegó el viernes, aunque no sé si fue alegría precisamente lo que sentí.
Eché un último vistazo a la habitación con Ella antes de salir y cerrar bien la puerta, no nos olvidábamos de nada.
Bajamos las dos juntas con nuestras maletas y bolsas hasta la recepción y le dimos la llave de la 104 a Muriel.
El parking estaba abarrotado de coches y de gente. Todos nos íbamos ese día.
Me despedí de las chicas y prometimos mandarnos correos y mensajes y llamarnos durante el verano. También me despedí de Gina, Parker y Sheryl. No era muy difícil encontrarnos a pesar de haber tanta gente, pero no sucedía lo mismo con los coches.